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Momias, huesos oraculares y su uso medicinal

Las momias del Antiguo Egipto, junto a los huesos oraculares de la dinastía Shang de China, se vieron envueltas en misticismo y se convirtieron en medicina milagrosa, unas para los europeos y otras dentro de la sociedad china. 

Esto provocó la pérdida de parte de restos arqueológicos de ambas culturas, que a través de estudios posteriores se les dio su lugar correspondiente para poder conocer más acerca de su tiempo e importancia.

Las momias egipcias en Europa

A través de autores como Plinio el Viejo (23-78), Dioscórides (40-90) y Avicena (980-1037) se conoce las virtudes curativas que tenían un producto exótico de Persia, el betún o brea, conocido como «mumia». Se le atribuían propiedades medicinales, podía tratar abscesos, fracturas, epilepsias o vértigos, lo que provocó una difusión excesiva de su uso en Europa desde la Edad Media en adelante.

Ante la elevada demanda del producto original -brea o betún- se obligó a comenzar la búsqueda de un sustitutivo, las momias egipcias, que tenían una apariencia ennegrecida y supusieron que tenían propiedades similares (Davis, 2001, p. 439). 

Los antiguos egipcios tenían la creencia de que para la trascendencia del individuo hacia el más allá debía mantenerse el alma junto con el cuerpo, lo que produjo la momificación de los cadáveres. Si bien, en el Antiguo Egipto comenzó hace 3400 años de forma natural por el clima y la arena, con el paso del tiempo se fue perfeccionando con la preparación de los cuerpos y la utilización de ciertos productos como el natrón. 

Heródoto en el siglo V a.C. explica tres métodos de momificación que se utilizaban en el Antiguo Egipto. En el primero se retiran las vísceras (hígado, intestinos, pulmón y estómago) a través de una incisión en el costado izquierdo. El segundo método extraían los órganos disueltos por el ano con un aceite que se obtenía del enebro de la miera, y en el tercer no se extrae nada del cuerpo. En los tres casos, se secaba el cuerpo con natrón por setenta días (Davis, 2001, p. 440; Herodoto, 1992, pp. 374-375).

Más allá de la ritualidad, la momificación fue clave en la medicina. Por ejemplo, el polvo de momias (figura 1) como remedio para cualquier dolencia fue utilizada en Europa incluso por los reyes, contando con su propia reserva para utilizarlas en caso de enfermedades o heridas, desde catarros, dolor de muelas, fatiga, diarrea, y en general, para todo tipo de dolencias.

Figura 1. Vasija con polvo de mumia, medicina de la época. Licencia: Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported. Fuente.

Su aplicación iba desde emplasto hasta supositorios, vía oral, mezclado con hierbas, vino u otros ingredientes. Asimismo, su versatilidad permitió que se integrase también en otras fórmulas, por lo que se utilizaba para hacer esencias, elixires, licores y bálsamos (García Marrasé, 2015, p. 1017).

Para Paracelso (1493-1541) no había mejor remedio que el cuerpo humano reducido a medicamento (Guelbenzu Fernández, 2018, p. 62). Así, a mediados del siglo XVII, las momias se habían convertido en mercancía y producto medicinal. 

Ante la alta demanda constante de momias, se recurrió a «falsificarlas», siendo Guy de la Fontaine en 1564, médico personal del rey de Navarra, quien fue a la ciudad de Alejandría (Egipto), y descubrió que los cuerpos no tenían ni siquiera cuatro años de antigüedad. No importaba su procedencia, y tampoco se seguía el proceso de momificación realizado por los antiguos egipcios (Guelbenzu Fernandez, 2018, p. 66). 

Además del testimonio de Guy de la Fontaine sobre que no eran momias de faraones sino de criminales y esclavos, desde el siglo XVI la mirada cristiana frente al comercio de momias se asoció a los judíos como mercaderes (García Marrasé, 2015, p. 1025). En el siglo XVIII se detiene la falsificación de momias, y comienza a decaer su demanda como remedio. Llegando a coexistir para 1880 con el desarrollo de la Egiptología.  

Los huesos oraculares de la dinastía Shang

La dinastía Shang (1550-1046 a.C.) ocupó los actuales territorios de Henan, Hubei, Shandong y la parte septentrional de Anhui, en China (figura 2).  Se sucedieron 30 soberanos desde Tang, considerado el primer gobernante hasta el último rey, Zhou Xin (1154-1122 a.C.). 

Figura 2. Distribución de la dinastía Shang en el territorio chino. Licencia:  Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported. Fuente. 

Al frente de la organización política se encontraba el Wang, rey, líder político, religioso y comandante supremo, apoyado por una administración compuesta por funcionarios civiles de diferentes rangos, funcionarios militares, oráculos y sacerdotes. De este modo, la sociedad estaba compuesta por nobles, funcionarios, guerreros, comerciantes, artesanos, agricultores y esclavos (Botton Beja, 2019, p. 49).

La economía se basaba en la agricultura (mijo, avena, trigo, cebada, arroz…) y cría de animales (cerdos, caballos, ovejas, gallinas, patos, bueyes…). Además, tenían una artesanía especializada, los talleres se encontraban fuera de la ciudad, distribuidos al norte y al sur los de bronce, al oeste los alfareros, y al noroeste los que trabajaban hueso y jade. Entre los trabajos se destacan los tallados de jade, tejidos de seda y fundición de bronces para vasijas rituales con decorados zoomorfos y geométricos (Botton Beja, 2019, p. 49; Doval, 2011, p. 44). 

A lo largo de la dinastía su capital se trasladó unas seis veces, la última, Yin (actual Anyang, en Henan) fue fundada posiblemente en el año 1350 a.C. por el rey Pan Gen. Es reconocida como uno de los enclaves más significativos por el hallazgo de un gran depósito de huesos oraculares.

Los huesos oraculares eran un conjunto compuesto por  caparazones de tortuga y omoplatos de animales, seleccionados individualmente para ser tratados y retirar completamente los restos de carne y sangre, serrarlos y rasparlos definiendo una superficie totalmente plana. Formaban parte de rituales de adivinación de piromancia propios de  las casas reales (Botton Beja, 2019, p. 50; Doval, 2011, pp. 48-49).

A los huesos se les hacían varios orificios en su interior en determinado orden. Luego se introducían varillas calientes y, a causa del calor al que se sometía el hueso, se agrietaba. El fin era ese ya que a partir de estas grietas se leía la respuesta de los dioses por parte de adivinos de la corte o por el mismo rey. Finalmente eran enterrados en fosas. Por ello, en 1936 se halló una gran fosa con aproximadamente unos 170.000 huesos (Doval, 2011, p. 48).

Por tanto, podemos diferenciar tres fases: la pregunta al oráculo, la respuesta de este y el resultado real (Doval, 2011, p. 47). Estas inscripciones contienen la considerada como escritura china más temprana y brindan información acerca de la genealogía real y destacan temáticas sobre enfermedades, nacimientos, muertes, clima, cuestiones militares, agricultura, cosechas, caza, tributos, construcción de edificios o asistencia divina, entre otros (figura 3).

Figura 3. Hueso oracular donde se pueden observar las inscripciones. Licencia:  Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported. Fuente

A lo largo de la dinastía mantenían el culto a los antepasados, los elementos y fuerzas de la naturaleza (sol, luna, ríos, montañas…) y al dios supremo, Shangdi o «El de Arriba», era «una entidad divina más abstracta» (Botton Beja, 2019, p. 50) e importante para los soberanos Shang, uniendolos a una deidad superior para garantizar el orden político y natural. Por ello, los huesos oraculares son el registro del diálogo de los reyes con los espíritus, antepasados reales, espíritus de la naturaleza  (López Saco, 2024, p. 70). 

Un gran número de huesos oraculares fueron desenterrados por los granjeros locales para ser vendidos en los mercados de medicina tradicional como «huesos de dragón», enteros o picados, con el fin de tratar enfermedades. No obstante, no fueron reconocidos como soporte de antigua escritura china hasta 1899 por el erudito Wang Yirong (1845-1900).

Según las fuentes, Wang estaba sufriendo malaria y su amigo, el erudito Liu È (1857-1909) fue a visitarlo para prepararle su medicina a base de «huesos de dragón». En ese instante descubrió unas marcas con extraños signos, la antigua escritura china (Doval, 2011, p. 47), e indagando sobre su procedencia lo llevó al descubrimiento de un importante número de huesos oraculares, en Xiaotun, un pueblo cercano al noroeste de Anyang. 

Hacia finales del siglo XIX, concretamente en 1899, se produjo el descubrimiento por parte de los investigadores que estos «huesos de dragón», eran vendidos en farmacias como medicina, se trataría de una muestra importante de los  archivos reales de la corte Shang en Anyang.

Los huesos hallados en ese pueblo fueron estudiados por el historiador Wang Guowei, quien definió los restos óseos como la primera evidencia escrita y arqueológica de la existencia de la dinastía Shang (López Seco, 2024, p. 71). 

A modo de conclusión,cada una de estas evidencias materiales pertenecientes a culturas distintivas fueron usadas como elementos medicinales para todo tipo de dolencias. 

Además, los huesos oraculares constituyen el testimonio más arcaico de la forma de escritura china y la evidencia real de la existencia de la dinastía Shang, que, junto a la Xia, fueron consideradas las más legendarias. 

Bibliografía 

Botton Beja, F. (coord.). (2019). Historia mínima de China. El Colegio de México, Centro de Estudios de Asia y África.

Davis, A. R. (2001). Mummification. En D. B. Renford (ed.). The Oxford encyclopedia of Ancient Egypt Vol. II. Oxford University Press, 439-444.

Doval, G. (2011). Breve historia de China. Ediciones Nowtilus.

Drioton, E. & Vandier, J. (1964). Historia de Egipto. Eudeba.

García Marrasé, E. (2015). Mercaderes de momias. El mito de la Mumia egipcia en el contexto comercial de la edad moderna. En J. J. Iglesias Rodríguez, M. M. Pérez García, & M. F. Fernández Chaves (eds.) Comercio y cultura en la edad moderna. Comunicaciones de la XIII reunión científica de la Fundación Española de Historia Moderna. Editorial Universidad de Sevilla, 1005-1027.

Guelbenzu Fernández, M. J. (2018). Polvo de momia egipcia. Un antojo para la reina de Navarra. Pregón N° 50, 62-67.

Heródoto. (1992). Historia. Libro II: Euterpe (C. Schrader, Trad.). Editorial Gredos. 

López Saco, J. (2024). China preimperial. Neolítico y edad de bronce. Asociación venezolana de estudios sobre China (AVECh), Universidad de los Andes (ULA).

Parra Ortiz, J. M. (2010). Momias. La derrota de la muerte en el Antiguo Egipto. Crítica.

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