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Los Autrigones. Breves datos para su conocimiento

Introducción

Los autrigones, son una etnia prerromana que habitaba el norte de la cornisa cantábrica. Actualmente ocuparían parte de las provincias de Álava, Vizcaya, Cantabria y Burgos, las cuales, a lo largo de la Edad del Hierro estarían habitadas por las tribus de los Cántabros, Caristios, Várdulos, Verones y Turmogos.

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Figura 1. Los Autrigones y sus vecinos. Fuente: Santos, J., Emborujo, A., y de Urbina, E. O. (1992).

Se trata de una tribu sobre la que no se tiene mucha información, que generalmente se la engloba como celta, atribuyéndole así todos los rasgos que ello conlleva, pero la realidad es bastante más complicada que eso. En esta breve reseña, mediante el uso de la arqueología y las fuentes clásicas, se pretende reconstruir, grosso modo, el conocimiento actual que se tiene sobre esta etnia. 

Información arqueológica y documental

En primer lugar, nos tenemos que ubicar en la transición del Bronce Final (siglo XIII ANE – 725 a.C.) a la Edad del Hierro, momento en el que, arqueológicamente y para todo este ámbito, se percibe una ruptura con los rasgos «indígenas» previos. Esto se produce por la llegada de gentes indoeuropeas que incorporan nuevas técnicas constructivas y tecnológicas. La mayor evidencia de esto son los poblados fortificados o castros, que se emplazan en lugares estratégicos (accesos a valles o a lo largo de vías naturales), con la función de controlar un espacio más o menos extenso, así como las rutas de trashumancia que generalmente se convierten en rutas comerciales. Evidencia de ello puede ser la posterior creación de calzadas romanas sobre esos espacios utilizados tradicionalmente durante siglos (Gorbea Pérez, 2004).

Esos procesos tecnológico-culturales se reforzarían a lo largo de la Edad del Hierro, que, en este espacio, se subdivide en dos: Primera Edad del Hierro (725 a.C. – 450 a.C.) y Segunda Edad del Hierro (450 a.C. – conquista romana) (Peñalver, 2008: 21). La incorporación de la metalurgia del hierro, así como el aumento de la producción de los alimentos, devino en un considerable aumento de la población y también en luchas por controlar esos mismos productos (cabezas de ganado, productos manufacturados…). 

Del mismo modo, se ha podido comprobar, mediante la arqueología, que el territorio en el cual se enmarca a los autrigones es un espacio que comprende realidades geográficas muy diferenciadas y que influyeron notoriamente en el desarrollo cultural de los diferentes poblados. Tradicionalmente, se han diferenciado dos zonas: una vertiente mediterránea de clara influencia celtíbera o íbera, y otra vertiente atlántica, que presenta unas características diferenciadas de la anterior, más arcaicas. Estas teorías son corroboradas mediante el estudio tipológico de las cerámicas de las diferentes vertientes, que concuerda con lo que las fuentes clásicas nos dicen sobre ellos.

Figura 2. Castro de Babio y al fondo, la divisoria de aguas, que divide la zona mediterránea de la atlántica (Fuente: propia).

Atendiendo a la información que nos dan las fuentes clásicas, si bien es cierto que no todas coinciden en la manera de describir a este grupo, existe un consenso mayoritario en identificarlas todas ellas con la misma. 

Figura 3. Variantes del nombre de los Autrigones en las fuentes clásicas. (Fuente: Solana, 1974: 25).

La información que nos aportan las fuentes clásicas sobre la etnia de los Autrigones, es bastante tardía. La primera referencia que recoge a esta tribu la aporta Tito Livio, en el siglo I d.C., cuando informa sobre las Guerras Sertorianas, en donde los pueblos de los autrigones y los berones imploraron la ayuda de Pompeyo para combatir a Sertorio, enviando guías y jinetes como tropas auxiliares. La siguiente noticia es aún más explícita, pues nos dice que en el asedio de la ciudad de Vareia los defensores llamaron a toda la caballería del país, así como a la de los autrigones (Solana, 1974: 111-112). De esta primera mención se desprende la información de que para este momento histórico, siglo I a.C., los autrigones estaban en contacto estrecho con sus tribus vecinas y conocían de buena mano el horizonte romano. Podemos decir que los autrigones eran una sociedad guerrera, en donde los jinetes parecen tener el principal protagonismo en las acciones bélicas. Por lo tanto, se trata de una sociedad mínimamente organizada. 

Posteriormente, en el siglo II d.C., es Lucio Anneo Floro quien nos cita que una de las razones del inicio de las Guerras Cántabras fueron los ataques continuados de los cántabros a las etnias de los vacceos, turmódigos y autrigones (Solana, 1974: 112-113). De ello se deduce que estos espacios estaban integrados dentro de la órbita romana, romanizados o en vía de ello, y que contaban con su protección. 

Otra muestra de la total integración de población autrigona dentro del ejercito romano nos llega a través de la epigrafía. Un epígrafe datado en el siglo I d.C., aparecido en Cyrene (África), nos presenta a Pompeius Ligyrus Autricoann, jinete en la Cohorte I Hispanorum (San Vicente, 2009: 1002-1003). Sin entrar a analizar su tría nomina, es evidente que se encuentra inserto dentro del engranaje romano, muy lejos de su tierra de origen y con un nomen latino.

Por último, para el siglo II d.C., Ptolomeo atribuye a los autrigones las siguientes ciudades: Uxamabarca, Segisamonculum, Virvesca, Antecuia, Deobriga, Vindeleia, Salionica, Flaviobriga y Tritium

Teorías

Haciendo balance, las fuentes clásicas no nos relatan el nivel organizativo-económico de estas sociedades prerromanas, son datos que se pueden deducir a través de esa información que «no nos dan». Por lo tanto, ¿qué sabemos realmente de esta etnia? Historiográficamente existen diversas teorías al respecto. Una de ellas aboga por su procedencia centroeuropea, pudiendo haber arribado a la península ibérica en alguna de las diversas migraciones que se dieron a lo largo de la Edad del Hierro. Por otro lado, contrarios a esta teoría, se encuentran los indigenistas, quienes aluden al origen vasco de los autrigones, basándose en la toponimia de aquellas zonas abruptas en donde la culturización celta no caló y en donde existen pervivencias de nombres vascos (Fernández Palacios, 2002: 95-98). 

En cualquier caso, resulta imposible dilucidar qué teoría puede ser la correcta, entre otras cosas por el proceso de aculturación que sufrió este espacio.  En un proceso complejo y de larga duración como es el caso no se debe buscar una explicación sencilla, pues no existe. Se deben desechar las teorías arcaicas y de raza vasca, pues ni siquiera sabemos la lengua que estas gentes empleaban. Si fue íbero o euskera es una cosa que se nos escapa (Almagro Gorbea, 2008).  

Bibliografía

  • Almagro Gorbea, M. (2008): Los orígenes de los vascos, Delegación en Corte de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, Madrid, 2008. 
  • Fernández Palacios, F. (2002): Lengua e historia del Asón al Cadagua: (épocas prerromana y romana), Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2002. 
  • Gorbea Pérez, M. (2004): Vías de comunicación en territorio Autrigón, Caristio y Várdulo, KOBIE 6, San Sebastián, 2004, pp. 403-410.
  • Peñalver, X. (2008). La edad del Hierro. Los Vascones y sus vecinos. El último milenio anterior a nuestra era. Txertoa argitaletxea (Euskal Gaiak Abarka SL) Donostia, San Sebastian.
  • San Vicente González de Aspuru, J. (2009): Auxiliae Autrigones, Várdulos y Caristios en el ejército romano, Medio siglo de arqueología en el Cantábrico Oriental y su Entorno: actas del congreso Internacional, Instituto Alavés de arqueología, 2009, pp. 993-1010. 
  • Santos, J., Emborujo, A., & de Urbina, E. O. (1992): Reconstrucción paleogeográfica de autrigones, caristios y várdulos. Universidad Complutense, Departamento de Prehistoria y Etnología.
  • Solana Sainz J. M. (1974): Los Autrigones a través de las fuentes literarias, Colegio Universitario de Álava, Vitoria, 1974.
Jon Obaldia Undurraga
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