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Préstamos iconográficos: de la diosa Isis a la Virgen María

La estampa de la Virgen María amamantando a un Jesús niño es una imagen bien reconocible para prácticamente todo el mundo. La hemos visto en iglesias, museos, o incluso quizás alguno la haya podido admirar de cerca en la casa de su abuela. Obviamente, nuestra primera asociación de esta iconografía es para con la religión cristiana, pero, ¿ha sido siempre así? ¿Realmente es una representación propiamente del cristianismo?

Dos de las imágenes más tempranas de la «Virgen de la Leche», «Virgen nutricia», «Virgen del Buen Reposo», «Virgen de Belén» o «Galactotrofusa» en el arte bizantino, las encontramos en las catacumbas de Priscila en Roma (s. II d.C.). En ambas, María aparece sentada y se acerca al Niño a su pecho. Sin embargo, hay autores que rechazan que una de las figuras muestre verdaderamente a la Virgen, pues no hay ningún atributo que la identifique como tal, a excepción de su vinculación con otras escenas paleocristianas que se encuentran también en la misma catacumba. Por otro lado, también se ha puesto en duda su categorización como lactante, puesto que no se aprecia que el Niño esté mamando, sino simplemente apoyado en el regazo de su madre (Higgins, 2012:73).

Figura 1: Fresco de la Virgen María en las catacumbas de Priscila. Fuente.

En cualquier caso, donde sí tenemos evidencias inequívocas de la Virgen de la Leche es en la zona oriental del Imperio. Tendrá una amplia difusión por todo Bizancio a partir de los siglos VI y VII d.C., siendo un tema bien conocido y extendido por toda la zona de Europa y los Balcanes (Rodríguez Peinado, 2013:3) y que hoy en día, como se comentaba al principio de este artículo, podemos seguir observando de cerca. En el caso de la península ibérica, llegará a través de los contactos con los territorios italianos del Reino de Aragón.

Figura 2: Mapa donde se aprecia el Imperio romano de Oriente a mediados del siglo VI. Fuente.

ORIGEN DE LA ICONOGRAFÍA

Todas las culturas de la Antigüedad hacen referencia de una forma u otra a diosas madres. Tenemos a Ishtar o Inanna, que amamantan al dios Tammuz (Mesopotamia), a Afrodita con su hijo Eros (Grecia), o a Isis con Horus o Harpócrates, dependiendo de la época en la que nos encontremos (Egipto). Parece ser que es en esta última representación donde encontramos más paralelismos con respecto a nuestra Virgen de la Leche, y por tanto, nuestro centro de interés para este artículo.

Isis es una de las diosas más importantes del panteón egipcio. Entre sus principales funciones encontramos la de diosa de la magia, esposa de Osiris y diosa madre del niño Horus, el heredero de Osiris (Castel, 2001:103). Esta última faceta es la que más nos interesa, puesto que es la que desarrollará un modelo iconográfico muy similar al que hemos visto en las escenas marianas.

Esta deidad será venerada como Madre de Dios (Mout Netjer en egipcio) desde el II milenio a.C., pero no será hasta el VII a.C. cuando tendremos ejemplos iconográficos de lo que se denomina la Isis Lactans. Esta imagen nos mostraba a la diosa Isis como una mujer lactante que amamanta a su hijo, Horus niño (Rodríguez Peinado, 2013:4).

Figura 3: Isis Lactans. Período Tardío Egipcio. Fuente: Museo del Louvre.

Con el nombramiento de Alejandro Magno como faraón de Egipto en el 332 a.C. en Menfis, este territorio pasará a formar parte del mundo helenístico. Sin embargo, en lugar de imponer las costumbres propias del territorio alejandrino, se respetará la tradición egipcia, y por tanto, los cultos a divinidades como Isis (Arroyo de la Fuente, 2006: 2). Además, se abrirán nuevas vías de comunicación y comercio con el resto del Mediterráneo, lo que hará que la religión egipcia llegue a un vasto territorio, incluyendo Roma (Santamaría Canales, 2018: 175-178). La figura de Isis será conocida en múltiples lugares, incluyendo su representación como madre lactante, lo que facilitará la adopción de este modelo por el cristianismo para su María Lactans (Rodríguez Peinado, 2013: 4).

Figura 4: Isis Lactans helenizada en los Museos Vaticanos. Fuente.

En cuanto al cómo y por qué se decide acoger esta imagen en el cristianismo, podemos señalar dos posiciones principales: En la primera, las asimilaciones se darían por causa de un conflicto entre la creciente religión cristiana y la religión pagana. La victoria final del cristianismo habría supuesto que quisieran utilizar las imágenes y tradiciones de los cultos heréticos como símbolo de su triunfo, adaptándolos a sus propias creencias. La otra perspectiva que se contempla, por el contrario, sugiere que esta relación no habría sido producto de ninguna imposición forzada. En medio de un momento de interacción y adaptación, se habría dado un cambio cultural que habría beneficiado al cristianismo, absorbiendo al resto de cultos, los cuales habrían buscado la forma de integrarse en el nuevo panorama religioso (Higgins, 2012: 71 – 72). Así, las divinidades mistéricas habrían sido reinterpretadas y reutilizadas, pero de manera pacífica.

Figura 5: Virgen de la Leche de Bernard van Orley, Museo del Prado. Fuente.

Sin embargo, caeríamos en un error si defendiéramos la idea de que la Virgen María es producto de la evolución de la diosa Isis como tal. Son dos entidades independientes, cuya relación se basa en el préstamo iconográfico, y no en una asimilación o adopción de los atributos divinos de Isis. No debemos olvidar que María en ningún momento ha sido considerada como diosa en el dogma cristiano. Prueba de ello son las razones por las que Teodosio II convocó el Concilio de Éfeso en el 431 d.C.

Cuatro años antes de esta asamblea, un presbítero llamado Anastasio predicó que María no merecía ser llamada madre de Dios, puesto que era una simple mujer y no podía haber dado luz a una divinidad. Nestorio, uno de los protagonistas del Concilio, defendió esta afirmación frente a la postura de Cirilio de Alejandría, quien apoyaba en cambio la idea de María como Madre de Dios. Finalmente será este quien consiga la victoria, llevando la Virgen desde entonces el apelativo de Theotokos (lit. La que dio a luz a uno que era Dios). No obstante, esto no implicaba que su persona en sí fuera considerada como diosa (Martínez del Valle, 2007:204). Simplemente se desechaba la idea de un Jesús nacido como mortal a favor de un Jesús ya divino desde su nacimiento.

CONCLUSIONES

En este artículo se ha presentado brevemente la relación que conocemos entre dos iconos femeninos muy importantes para dos religiones diferentes. Hemos visto que, aunque encontramos vínculos iconográficos bastante claros entre la diosa egipcia y la Virgen María, su papel en sus respectivos cultos no es el mismo, siendo el elemento diferenciador más evidente la divinidad por derecho propio de una y el carácter humano de la otra.

Por otro lado, volviendo al ámbito iconográfico, aunque existan esos paralelos entre las imágenes de Isis Lactans y la Virgen de la Leche, actualmente no tenemos suficientes evidencias como para pensar que este motivo tuviera un gran impacto. Son muchos los tipos de representación que contempla la religión cristiana para la madre de Dios. El arte mariano se caracteriza por su variedad y evolución en el tiempo, y pronto se desarrollarían modelos mucho más populares que el de María dando el pecho a su hijo. Pese a ello, sigue siendo un ejemplo muy interesante que nos deja entrever la compleja red de interacciones culturales, sociales, religiosas e incluso a veces políticas en un contexto de muchos cambios como lo fue la Antigüedad Tardía, periodo donde el cristianismo comienza a imponerse como una de las religiones del momento.

BIBLIOGRAFÍA

  • Arroyo de la Fuente, M.A. (2006). Iconografía de las divinidades alejandrinas, Universidad Complutense de Madrid.
  • Castel, E. (2001). Gran diccionario de mitología egipcia. Alderabán.
  • Higgins, S. (2012). Divine Mothers: the influence of Isis on the Virgin Mary in Egyptian Lactans-iconography. Journal of the Canadian Society for Coptic Studies, 3, 71-90.
  • Martínez del Valle, G. J. (2006). Sobre la iconografía de San Cirilo de Alejandría en el concilio de Éfeso de Francisco Meneses Osorio. BSAA Arte: Boletín del Seminario de Estudios de Arte, (72), 203-210.
  • Peinado, L. R. (2013). LA VIRGEN DE LA LECHE. Revista Digital de Iconografía Medieval, 5 (9), 1-11.
  • Santamaría Canales, I. (2018). Desde el río Nilo hasta el océano Atlántico: El periplo más lejano de la diosa Isis y su culto. Bajo Guadalquivir y Mundos Atlánticos, (1), Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, 173 – 192.

María José Minuesa Grau
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