La exposición temporal «Rafael Romero de Torres. Del academicismo al realismo social» ha sido organizada por el Museo de Bellas Artes de Córdoba con motivo del 160 aniversario del nacimiento del artista (figura 1). La muestra, que ha podido ser visitada en las salas I y III del museo cordobés hasta abril de 2026, ha rescatado el legado del hijo mayor de Rafael Romero Barros, una figura fundamental para entender la transición del arte decimonónico hacia el compromiso social en España, pero cuya trayectoria quedó prematuramente truncada y eclipsada por la fama de su hermano Julio Romero de Torres.

Sala I
La exposición comienza en la Sala I (figura 2), donde se informa al visitante sobre la posesión de un importante fondo artístico por parte del Museo de Bellas Artes de Córdoba. Estas obras, realizadas sobre papel en diversos formatos y técnicas, constituyen una de las colecciones más significativas de España. Entre ellas se encuentran dibujos y estampas de Rafael Romero de Torres, así como de otros artistas de ámbito local, nacional e internacional. A través de donaciones, compras y depósitos, se han formado dos secciones: una de dibujos, que data desde 1877, y otra de estampas, que abarca desde 1905, comprendiendo obras de los siglos XVIII al XX. El panel informativo concluye con la descripción de los problemas de conservación que afectan a estas piezas.

A continuación, el visitante encuentra un nuevo panel con información sobre los dibujos del artista. Estos abarcan diferentes temáticas: elementos arquitectónicos, asuntos históricos, bíblicos, literarios, retratos, temas costumbristas, de críticas sociales y bocetos preparatorios de sus pinturas. La muestra pone un énfasis especial en su etapa formativa en la Real Academia de San Fernando y su posterior estancia en Roma. Se pueden admirar un conjunto de dibujos inspirados en la historia medieval y en obras de Shakespeare (como Romeo y Julieta), que demuestran una sofisticación técnica inusual para su juventud. Además, sus estudios arquitectónicos para el manuscrito Córdoba Monumental y Artística (obra de su padre, Rafael Romero Barros) evidencian un manejo magistral de la plumilla, el grafito y la aguada.
Por otro lado, es preciso mencionar las cartas ilustradas, quizás el elemento más humano de la sala. Estas misivas enviadas a su familia, repletas de tipos humanos y monumentos clásicos capturados con una habilidad técnica asombrosa, le valieron el apodo del «Fortuny cordobés», en referencia al pintor Mariano Fortuny y Marsal.
Finalmente, la exposición destaca su labor como ilustrador en revistas literarias de la época como La Gran Vía o el Almanaque del Diario Córdoba. Este detalle es crucial: Rafael no solo era un artista de museo, sino un comunicador visual que llevó su estética y su mensaje social a las publicaciones de gran alcance del siglo XIX.
Sala III
Una vez pasada la Sala II, la cual conecta las dos estancias de esta exposición, el visitante llega a la Sala III donde encuentra obras sobre papel y óleos sobre lienzo. Este tramo conduce por los años más oscuros y, sin duda, más brillantes a nivel creativo de Rafael Romero de Torres.
Un panel informativo nos pone en contexto sobre las circunstancias vitales del artista, destacando un momento clave: la Exposición Internacional de Bellas Artes de 1892. Rafael concurrió con su obra Buscando patria o Emigrantes a bordo, una pieza que representa el cenit de su realismo comprometido. Sin embargo, pese al reconocimiento del jurado, las intrigas y «grandes influencias» a favor de otros artistas le privaron de la medalla de segundo premio que merecía, relegándolo a un tercer orden. Este desengaño profesional, según las crónicas de la época, minó profundamente su salud y su ánimo.
A ello se sumaría la muerte de su padre (1895), de su hijo Ángel —con poco más de un año de edad— y de su esposa, Remedios Alcalde. Tras estas pérdidas, el artista regresó al hogar familiar, donde falleció de tuberculosis el 29 de julio de 1898, dejando a su hija Julia al cuidado de sus familiares.
A lo largo de las estancias, podemos contemplar dibujos de retratos, desnudos, ilustraciones de cartas, escenas históricas como Colón saliendo de la Mezquita (1892) y escenas de su realismo comprometido, como Los últimos sacramentos o El albañil herido (1890).
En el panel, el visitante puede leer la desgarradora poesía que Ricardo de Montis le dedicó en el primer aniversario de su muerte, y que la exposición reproduce con acierto. En ella se le describe como un «gladiador… que cayó a la postre con mortal herida».
Folletos
Respecto a los folletos de la exposición, el visitante puede adquirir uno en la entrada del museo (figura 3). En él, se ofrece información de la vida y obra de Rafael Romero de Torres, imágenes sobre sus obras y el cartel en grandes dimensiones de la propia exposición. Mediante un sistema de doblaje, el documento va adquiriendo un mayor tamaño, pasando de un A5 a A2.

Conclusión
A modo de conclusión, Rafael Romero de Torres fue un pionero en su campo. Su fallecimiento a los 33 años privó a la historia del arte de una carrera que ya apuntaba hacia el modernismo y que influyó decisivamente en la etapa social de sus hermanos Enrique y Julio.
Esta exposición rescata la trayectoria vital de un artista al que la muerte prematura y la falta de documentos conservados en el archivo familiar lo han desplazado en un segundo plano. El Museo de Bellas Artes de Córdoba logra, con una sensibilidad exquisita, que Rafael Romero de Torres deje de ser «el hermano de» para volver a ser el genio de nobles ideales que buscó, a través de su arte, una patria más justa.
En definitiva, esta muestra es un reflejo del trabajo de recuperación de una figura que supo fusionar el clasicismo romano con la denuncia social, anticipándose a las inquietudes de la Generación del 98. Rescatar su legado artístico permite comprender la evolución del arte español hacia la modernidad.
Bibliografía
Museo de Bellas Artes de Córdoba. (s.f.). Rafael Romero de Torres: Del academicismo al realismo social. Museo de Bellas Artes de Córdoba. Junta de Andalucía. Recuperado de



