Manga larga, afeminamiento y masculinidad en las fuentes clásicas
Las descripciones de personajes afeminados o sexualmente pasivos en las fuentes romanas son muy habituales, tanto en la literatura como en la historiografía y los discursos políticos. La acusación de afeminamiento era muy común para descalificar a un enemigo o burlarse de él, recurriendo a algunos tópicos que hoy pueden resultarnos extraños.
Julio César era objeto de bromas por depilarse y por su calvicie, ambas características de personas afeminadas (Cantarella, 1992, pp. 155–164). A ello se sumaba su atuendo habitual: túnica laticlavia con mangas largas, mal ceñida con un cinturón holgado y situado por encima de lo habitual (Suet. Iul. 45.3). Tanto las mangas como la forma de llevar el cinturón eran elementos femeninos (Ramírez de Verger y Agudo, 1992, pp. 124–125).
Igualmente, cuando Cicerón quería burlarse de los amigos de Catilina, los describía como «bien peinados, elegantes, o afeitados o con la barba bien cuidada; con túnicas de mangas largas; vestidos de velo, no de toga» (Cic. Cat. 2.22; trad. J. Aspa). Del emperador Calígula Suetonio decía que «a menudo se mostraba en público con mantos cubiertos de adornos y de piedras preciosas, una túnica provista de mangas y luciendo brazaletes; en ocasiones vestido de seda y ataviado con una cíclada», todos ellos elementos del atuendo femenino. Séneca, en un elogio de Epicuro, debe defenderle afirmando que «es también un varón fuerte, aunque su vestido sea de mangas largas» (Sen. Ep. 33.2; trad. I. Roca).
Por lo tanto, se observa que la manga larga es un atributo más de la vestimenta femenina cuyo uso por hombres es motivo de mofa, junto con otros complementarios como el cinturón flojo, el velo o la seda. Este carácter afeminado no parece depender únicamente de una cuestión estética o de moda, sino de lo que la prenda simbolizaba en relación con el trabajo, la ociosidad y el ideal masculino romano.

Los orígenes del tópico: una mirada desde la sociología
Aulo Gelio escribió en tiempos de Marco Aurelio las Noches áticas, un compendio de veinte libros donde fue anotando curiosidades que llamaron su atención, como si de un cuaderno de notas se tratase. Entre estas, incluía los orígenes de la asociación de la manga larga con la mujer:
El que un varón usara las túnicas que se extienden más allá de los brazos, hasta el principio de las manos y casi hasta los dedos, fue indecoroso en Roma y en todo el Lacio. Con palabra griega, los nuestros llamaron chirodytae (de mangas largas) a esas túnicas, y estimaron que solo para las mujeres era decoroso el vestido largo y ampliamente extendido, a fin de proteger de las miradas los brazos y las piernas. Empero, en un principio los varones romanos se vistieron solo con toga, sin túnicas; después emplearon las túnicas ceñidas y cortas que terminan antes del hombro, género al cual los griegos llaman ὲξωμίδεζ (sin mangas). (Gell. 6.12; trad. A. Gaos, p. 70)
Vemos que originalmente las mujeres usaban ropa larga por decoro, para cubrir brazos y piernas, y los hombres togas sin mangas. Y cuando se incorporó en Roma la túnica por influencia griega, fue con un diseño que dejaba las extremidades al descubierto. Se detalla además la longitud de la manga: no hasta la muñeca, como actualmente, sino que alcanzaba la palma de la mano y limitaba con los dedos.
Inmediatamente después, Gelio proporcionaba algunos ejemplos de casos en los que se relaciona la manga con la homosexualidad pasiva, como el de Publio Sulpicio Galo, un «hombre afeminado» (delicatus) que «vestido con una túnica de largas mangas con su amante se recuesta en los banquetes en el lugar inferior».
Para comprender por qué esta prenda podía tener un significado moral tan marcado, resulta útil acudir a Thorstein Veblen, sociólogo estadounidense que en 1899 publicó Teoría de la clase ociosa. En este libro dedica un capítulo a la relación entre vestimenta y ostentación, y compara la ropa femenina y masculina.
Veblen señala que uno de los objetivos de la vestimenta de las clases altas es demostrar que quien la porta no lleva a cabo trabajos manuales. Para ello, se emplean prendas y accesorios imprácticos, y colores y materiales difíciles de limpiar. Esto es especialmente acusado en las mujeres, pues la esposa de un hombre adinerado no debe trabajar y cuenta con un servicio que se ocupa de limpiar y cocinar, lo cual se demuestra cubriéndola con prendas incompatibles con las actividades más básicas: los vestidos, los tacones, los corsés, los sombreros aparatosos… Con ello no solamente contribuye a su propio prestigio, sino también al de su marido, cuyo poderío económico queda patente al poder liberar a su mujer de toda labor (Veblen, 2014, pp. 209–213).
Aplicada al caso romano, esta explicación es muy esclarecedora. El que desde un principio los hombres prefirieran la manga corta puede asociarse a que la larga es impráctica para el trabajo manual. Seguramente esta sea la razón de que, como se ha observado, las mujeres de clase trabajadora se diferenciaran por llevar la manga hasta el codo y no hasta la mano (Olson, 2008, p. 80). Esto es especialmente importante en Roma por la asociación entre virtud y virilidad (virtus), y la relevancia dada al trabajo, el cultivo y el combate, incluso entre las clases altas. Como sostenía Catón, un hombre romano respetable no podía limitarse a una vida de otium, sino que estaba obligado al negotium. En este contexto, una prenda que dificultaba el uso de las manos no era simplemente incómoda: era un símbolo visible de distanciamiento del ideal de ciudadano romano. Sin embargo, en Grecia y Oriente la percepción era distinta, y fue a través de la influencia de estos territorios como la manga larga comenzó a introducirse lentamente en Roma.


Si pensamos en la sexualidad, en la cultura romana la valoración moral de las relaciones entre hombres era una extensión del orden social. Es decir, para los romanos la parte inmoral en las relaciones homosexuales era el que ejercía la función pasiva, pues estaba asumiendo el rol femenino de penetrado, mientras que el activo mantenía la actitud propia de su género (Williams, 2010, p. 214). Lo que definía al pasivo (cinaedus) era la adopción de elementos propios del género opuesto, y por lo tanto es natural que el uso de la manga larga se asociara a su figura.
Conclusiones
La relación entre el uso de manga larga y el afeminamiento es un tópico firmemente asentado en la cultura romana, cuya raíz se remonta a los tiempos más arcaicos, cuando el varón romano vestía únicamente la toga y, más tarde, túnicas cortas que dejaban los brazos al descubierto. Esto se debe a que la manga larga era una prenda incompatible con el trabajo manual, y por ello adecuada para las mujeres, cuya vestimenta debía evidenciar que estaban apartadas de las labores físicas, como símbolo visible de ociosidad y estatus. Esto, por supuesto, siendo las mujeres de las clases superiores las que marcaban el ideal regulador, mientras que aquellas que por su posición económica debían trabajar acudían a la solución de la media manga, práctica a la par distintiva de la túnica masculina.
Cuando un varón usaba la túnica con manga, estaba mostrando incapacidad para las tareas propias del ciudadano, y por ello afeminamiento. Señalar su uso no era una burla trivial, sino una forma de cuestionar la masculinidad, la respetabilidad y la posición moral del individuo. Así, la vestimenta se convierte en un elemento clave para entender cómo Roma construía y definía los límites entre lo masculino y lo femenino, entre el trabajo y el ocio, y entre la virtud y el vicio.
Fuentes clásicas
Aulo Gelio. Noches Áticas. Trad. Amparo Gaos Schmidt, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2002.
Cicerón. Discursos V. Trad. Jesús Aspa. Madrid, Gredos, 1995.
Séneca el Joven. Epístolas morales a Lucilio. Trad. Ismael Roca Meliá, Madrid, Gredos, 1986.
Suetonio. Vidas de los doce césares (vol. I). Trad. Rosa María Agudo Cubas, Madrid, Gredos, 1992.
Bibliografía
Cantarella, E. (1992). Bisexuality in the Ancient World. Yale University Press.
Olson, K. (2008). Dress and the Roman woman. Self-presentation and society. Routledge.
Ramírez de Verger, A., & Agudo, R. M. (1992). Suetonio. Vidas de los doce Césares. Gredos.
Veblen, T. (2014). Teoría de la clase ociosa. Alianza.
Williams, C. A. (2010). Roman homosexuality. Oxford Univ. Press.



