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La coronación de Isabel II: una ceremonia única

Hoy tendrá lugar la coronación de Carlos III del Reino Unido, una ceremonia que genera expectación tras el largo reinado de su predecesora. Muy pocos recuerdan la coronación de la reina Isabel II. Fue prevista para las 10:30 del martes 2 de junio del año 1953, y fue todo un acontecimiento histórico para Reino Unido (Kelley, 1997). Era la sexta reina de Inglaterra —y la tercera de Escocia— en catorce siglos. Para preparar la coronación en 1952, el   Gabinete del Reino Unido consultó con los Reinos de la Commonwealth, y tuvo en cuenta  las elecciones del gobierno local, la Asamblea General de la Iglesia de Escocia y el Derby de Epsom, para considerar la fecha adecuada para celebrar la coronación. La fecha elegida por la reina fue el 2 de junio de 1953, como «el primer día practicable después de la semana de Pentecostés». Esto se criticó en la prensa debido a que los hoteles estarían llenos durante la semana del Derby, y los árboles florecidos interferirían con la vista de la procesión (Torrance, 2023).

Figura 1. Souvenir del programa Oficial de la coronación de Isabel II. Fuente.

Tras la muerte del rey Jorge VI, los brazaletes negros habían desaparecido, y durante un año dio la impresión de que, en las redacciones, bares, salas de juntas y salones del país sólo se hablaba de la coronación de la reina. La importancia en la coronación de Isabel II llevaba en su seno los ecos de la victoria bélica de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial. Tras un pasado de sacrificio y de regeneración, la coronación de una joven reina llenó al país de esperanza por un nuevo futuro, el advenimiento de una «nueva era isabelina», como publicó la prensa británica. Comparando los prodigios del país bajo Isabel I con los que podrían suceder con Isabel II (Kelley, 1997, pág. 143). Aunque meses después de su coronación, cuando se encontraba en una gira de seis meses por la Commonwealth, la propia Isabel II afirmó en su discurso de navidad retransmitido por radio desde Auckland, Nueva Zelanda:

Algunas personas han expresado la esperanza de que mi reinado marque una nueva era isabelina. Francamente, no me siento en absoluto como mi gran antepasada Tudor, que fue bendecida sin marido ni hijos, que gobernó como un déspota y nunca pudo abandonar sus tierras natales.

Elizabeth II, 1953

De esa manera se distanciaba de su predecesora Tudor, y se presentaba a sus súbditos envuelta en los ropajes del matrimonio y la maternidad. En 1953, el ambiente festivo por la coronación se apoderó de Londres, en lo más recóndito de las islas británicas y sus colonias. Las amas de casa de Gran Bretaña seguían llevando encima libretas de racionamiento que les controlaban la mantequilla, el queso, la margarina, la carne y el azúcar; de pronto ya no hubo restricciones de azúcar, y gente que llevaba catorce años sin probar un pastel, un caramelo o una galleta se puso a comer dulces con voracidad. La parafernalia bélica de rifles, máscaras de gas y cascos dio paso a las espadas de gala, diademas y coronas. En honor a esta nueva «era isabelina», Londres se transformó dando paso a arcos del triunfo y brillantes luces. Las calles principales se decoraron con estandartes púrpura y banderines dorados con elaborados motivos de coronas y cetros (Kelley, 1997).

Figura 2. Fleet Street en 1953 decorada para la coronación de Isabel II. Fotografía de Anthony Harrison. Fuente.

En menos de dos semanas, los súbditos británicos retiraron veinticinco millones de dólares de cuentas de ahorro personal para gastarlos en festejos, que incluían canciones, fuegos artificiales y ferias callejeras. Isabel II consideraba que era una diversión necesaria  para su empobrecido país, porque a su modo de ver, la monarquía era el patrimonio más preciado de Gran Bretaña, símbolo de la su continuidad histórica. Además de eso la corona atrajo gran cantidad de turistas a Londres. En concreto unos doscientos mil extranjeros iban a visitar la capital durante esa semana. Desembolsando la considerable cantidad de un millón seiscientos mil dólares cada veinticuatro horas. Debido al gran interés que este acontecimiento suscitaba, la BBC propuso televisar la coronación, pero los cortesanos de la reina se opusieron, porque a su modo de ver, sólo la aristocracia debía presenciarlo. Sería una intrusión comercial en un ritual sagrado. El propio Winston Churchill se indignó afirmando en privado (Kelley, 1997):

No veo que la BBC tenga por qué disfrutar de mejor vista que yo sobre la coronación de mi monarca

Pearson, 1991

Fue la insistencia de la propia Isabel II, y los comentarios negativos publicados en la prensa los que permitieron televisar la coronación. La decisión de la reina permitió al mundo entero presenciar en vivo una ceremonia de seis horas y media, sin interrupciones. Era la primera vez que un soberano era coronado ante millones de testigos, siendo algo único en la historia de la monarquía. La ceremonia, a la que acudieron 8.251 personas, estableció un récord de audiencia, con trescientos millones de espectadores (Kelley, 1997). Costó unos 18 millones de libras actuales, y acabó siendo la ceremonia más cara de la historia británica (Kelley, 1997; Torrance, 2023).

Figura 3. Ceremonia de coronación de Isabel II en la abadía de Westminster. Fuente.

La prensa criticó el gran gasto que la coronación suponía para Reino Unido, pero la reina impertérrita siguió preparando todos los detalles para la ceremonia. Aprendió a mantener el paso majestuoso de la cola de veinte metros que llevaría en la ceremonia, con sabanas en los hombros recorriendo los pasillos del Palacio de Buckingham. Estudiaba los documentos oficiales en su despacho, llevando puesta la corona de san Eduardo para acostumbrarse a mantener el equilibrio con un peso de tres kilos sobre la cabeza. Examinó sesenta y tres diseños antes de escoger el sello de la coronación, y eligió entre mil quinientas fotos la más favorecida para el recuerdo oficial.

Los súbditos veían a su reina como un ejemplo de nobleza, respetabilidad y rectitud, cuyo poder emanaba de Dios. Hay que tener en cuenta que, durante la Segunda Guerra Mundial, la familia real consiguió aumentar su apoyo y credibilidad, viajando a diario de Windsor a Londres en pleno bombardeo. Esto obtuvo respeto y veneración para la casa de Windsor, reforzada por el esplendor palaciego y el fasto apabullante de los desfiles (Kelley, 1997).

Bibliografía

  • Elizabeth II. (25 de diciembre de 1953). The official website of the Royal Family. Obtenido de Christmas Broadcast 1953: https://www.royal.uk/christmas-broadcast- 1953.
  • Kelley, K. (1997). Los Windsor: Radiografía de la familia Real Británica. Barcelona: Plaza & Janés Editores S.A.
  • Pearson, J. (1991). The Private Lives of Winston Churchill. London: Bloomsbury.
  • Torrance, D. (2023). The coronation: history and ceremonial. Uk Parlament: House of Commons Library.

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