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Tutankhamon: 100 años de su descubrimiento

«Veo cosas maravillosas». Fueron las palabras pronunciadas por Howard Carter hace unos 100 años, tras asomarse por el hueco que habían hecho para abrir la cámara funeraria del joven Tutankhamon. Pero ¿qué supuso este descubrimiento para la Egiptología? ¿Por qué fue tan importante?

Figura 1: Máscara funeraria de Tutankhamon. Fuente.

Tutankhamon: el rey cuyo nombre todos conocen

Pese a ser uno de los faraones más famosos, es mucho lo que aún no se sabe sobre este joven rey de la dinastía XVIII. Con respecto a su origen, estudios de ADN recientes han corroborado una de las teorías más aceptadas, en la cual Tutankhamon – o Tutankhaton inicialmente – era hijo de su predecesor en el trono, Akhenaton.

Akhenaton, o Amenhotep IV, es conocido sobre todo por el cambio de religiosidad que promueve. Con él, la divinidad principal pasará de ser Amón a Atón, lo que explicará su cambio de nombre (Akhenaton= «útil para Atón») y el traslado de la capital a Ajetatón («Horizonte de Atón»), actual Tell-el-Amarna. Sin embargo, estas novedades en el día a día de los egipcios solo durarán el tiempo de su reinado, puesto que al ascender Tutankhamon, revocará la decisión de su padre y retomará el culto a Amón (Stevens, 2006:5).

Pero tengamos en cuenta que cuando Tutankhamon asciende al trono lo hace con tan solo 10 años. Con esa edad, lo lógico es que sus decisiones fueran aconsejadas – o directamente tomadas – por otros. En este papel encontramos al visir Ay, quien probablemente fuera el impulsor del edicto de restauración de la religión anterior a Atón, y quien acabará siendo el sucesor del joven rey tras su fallecimiento (Grimal, 1988:266).

Con respecto a su muerte, hasta hace poco ha sido otra de las tantas incógnitas sobre este faraón, debido al mal uso de productos destinados a la preservación de su momia. Ahora, gracias al Tutankhamun Family Project (2007-2009), sabemos que es muy posible que el monarca sufriera la enfermedad de Köhler, que explica el por qué de tantos bastones encontrados entre su ajuar. Por otro lado, parece que la malaria fue otra de las patologías que afectó a su salud. Fuera por una u otra causa, lo cierto es que el joven faraón murió a los 19 años de edad, sin dejar descendencia (Babón y Seco, 2022: 27).

Figura 2: Mango de uno de los bastones de Tutankhamon donde se representa un cautivo nubio para representar el poder del faraón como conquistador. Fuente.

El hallazgo de la KV62

La tumba KV62 se encuentra en el Valle de los Reyes (Egipto), y fue descubierta un 4 de noviembre de 1922, siendo éste el inicio de una nueva era en la historia de la Egiptología.

Figura 3: Entrada a la tumba de Tutankhamon. Fuente.

Desde muy temprano, Howard Carter se había sentido fascinado por el Antiguo Egipto y su cultura. En 1892 acabó trabajando bajo el mando de William Flinders Petrie en Amarna, aquella ciudad que decíamos que fue fundada por Akhenaton; y entre 1894 y 1899 con Édouard Naville en el templo de Hatshepsut. Fue durante un tiempo inspector de monumentos en el Alto Egipto para el Servicio de Antigüedades Egipcias, institución que le facilitó financiación para nuevas excavaciones (Pons Mellado, 1999: 425 – 426).       

Pero es en 1907 cuando comienza la aventura que lo llevará a vincular su nombre con el del joven Tutankhamon. Lord Carnavon, un noble inglés, lo contrata para liderar los trabajos en las excavaciones que él mismo iba a financiar en el Valle de los Reyes. En 1922, viendo que los resultados eran nulos, decidió retirar los fondos, no sin antes dar una última oportunidad – ante la insistencia de Carter – a la campaña de excavación (Pons Mellado, 1999: 428).

Figura 4: Howard Carter (izquierda) y Lord Carnarvon (derecha) en la entrada de la tumba. Fuente.

Gracias a este último acto de fe, el 4 de noviembre de 1922 aparecieron los primeros escalones que descenderían hasta la puerta de una tumba sellada con el nombre de Tutankhamon.

«Por fin hemos hecho un maravilloso descubrimiento en el Valle. Una magnífica tumba con sellos intactos. La he vuelto a recubrir, dejándola como estaba, a la espera de que usted llegue. Felicidades».

Telegrama de Howard Carter a Lord Carnarvon.

Finalmente, el 23 de noviembre Carnarvon llegaría con su hija de Inglaterra para presenciar en persona la apertura del sepulcro, iniciando un antes y un después en la historia de la Egiptología.

Figura 5: Howard Carter examinando el ataúd interior de Tutankhamon. Fuente.

Repercusión

El descubrimiento de la tumba no fue únicamente un hito debido a su buen estado de conservación, sino que también fue ejemplo de profesionalidad por parte de Carter. El trabajo de vaciado de su interior fue llevado a cabo con gran minuciosidad, proceso que abarcó aproximadamente 10 años. Se inventariaron y fotografiaron in situ todos los objetos, se realizaron dibujos y croquis; y se restauraron y consolidaron aquellos elementos con mayor peligro de deterioro (Llagostera, 2002: 148). Todo esto puede parecer básico a día de hoy, pero por entonces era la primera vez que se tomaba en cuenta todo aquello, sentando un precedente que se ha continuado y mejorado hasta ahora.

Además, la buena y casi intacta conservación de los materiales de la tumba permitió conocer mucho más sobre la historia y cultura material del Antiguo Egipto. Con ello se despertó de nuevo un interés en la Egiptología, especialmente por parte de Occidente, incluyéndose España, país que Carter visitó en un par de ocasiones para hablar sobre sus resultados en estas investigaciones.

Por todo ello vemos que Tutankhamon es un rey realmente significativo para la historia y avance de la Egiptología. Quizás a nivel histórico no fuera uno de los faraones más destacados, ya que su corto periodo de gobierno impidió el desarrollo de grandes proezas. No obstante, no cabe duda que ha acabado siendo uno de los más conocidos en todo el mundo, y que su descubrimiento ha sido uno de los grandes hitos entre los estudiosos de las maravillas del «don del Nilo».

Bibliografía

  • Babón, J. M., & Seco Álvarez, M. (2022). Tutankhamón. Howard Carter en España: El duque de Alba y las conferencias del egiptólogo en Madrid. Editorial Almuzara.
  • Grimal, N. (1988). Historia del antiguo Egipto. Ediciones AKAL.
  • Llagostera Cuenca, E. (2002). Howard Carter, la suerte de un destino (9 Mayo 1874-2 Marzo 1939). En el LXXX aniversario del descubrimiento de la tumba de Tut-Ankh-Amon.
  • Pons Mellado, E. (1999). El descubrimiento de la tumba de Tutankhamón: las visitas de H. Carter a España. En Isimu, II, 425 – 447.
  • Stevens, A. (2006). Private religion at Amarna: the material evidence. Oxford: Archaeopress.
María José Minuesa Grau
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