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Las cruces celtas: lo celta y lo cristiano entrelazados

Las cruces celtas que se encuentran en los monasterios paleocristianos de Irlanda, representan la fusión entre el cristianismo primitivo y la cosmovisión celta. Los centros monásticos como el de Clonmacnoise, el de Monasterboice y el de Glendalough servían de núcleos espirituales y de centros conservadores de la memoria artística y religiosa de la isla. Concretamente nos centraremos en el monasterio de la cruz alta de Muiredach en Monasterboice. Este monasterio se halla en el condado de Louth, fundado por san Buite (520), y alberga un cementerio, dos iglesias, tres cruces altas, un reloj de sol y una torre de 35 metros de altura.

El período paleocristiano en Irlanda se inicia a partir del siglo IV, pasando por la consolidación del monaquismo en el siglo VII hasta el auge de su arte en el siglo IX. La isla Esmeralda o Hibernia nunca fue ocupada por Roma, aunque sí lo fuera por los vikingos en el siglo VIII. Durante los inicios del cristianismo en Irlanda, se fundaron monasterios gracias a San Patricio y San Ciarán. Por ejemplo, en Clonmacnoise surgió una comunidad dedicada a la oración, la copia y la preservación de manuscritos. Existe cierto debate si San Patricio fundó el monaquismo celta o si éste ya estaba presente cuando Patricio llegó a la isla en 432, según los Anales del Ulster (Colombás, 1974, p.297). Se cree que el movimiento monástico ya se había instalado en la isla proveniente de la Galia y de España, sin descartar un contacto directo con Egipto y Oriente (Colombás, 1974, p.300; Roberts, 2016, p.16). 

Una de las características artísticas del monaquismo irlandés es el sincretismo, el cual mezclaba símbolos cristianos y celtas, como ocurrió en otras partes del mundo donde el cristianismo entró en contacto con otras religiones. Dicha hibridación en la isla dio como resultado las cruces irlandesas repartidas por todo el territorio.

Estas cruces o high crosses surgen a partir del cristianismo primitivo donde los monasterios representaban el centro de vida espiritual, educativa y social. Las cruces, erigidas entre el s.VII y X, posteriores a la venida de San Patricio, se hallan decoradas con relieves bíblicos mezclados con motivos celtas. Lo cristiano se fusiona con lo celta. En un principio las primeras cruces eran de madera o metal. Sin embargo, a partir del s.VII, se tallaban cruces de piedra y además se integraba un círculo en la intersección de la cruz. Dicho círculo tendría la función de estabilizar la estructura y la de simbolizar la síntesis entre el cristianismo y las creencias solares paganas (Scantlebury, 1929, p. 295). 

En las cruces podemos hallar escenas bíblicas esculpidas en relieve y adornos en espiral, que tendrían su origen en la era del bronce en la antigua Creta (Scantlebury, 1929, p. 296). También hallamos en las cruces una serie de entrelazados, muchas de los cuales acaban con representaciones de cabezas de animales, todo ello siguiendo un esquema simétrico proporcionando a todo el relieve armonía y equilibrio (Scantlebury, 1929, p. 296).

Cabe destacar que existen representaciones de animales, algunos de los cuales adquieren un significado simbólico y no son meramente producto de la fantasía del escultor. En ocasiones el entrelazado que hemos mencionado anteriormente representa las extremidades de los animales. Cabe añadir que se extraían lecciones espirituales de las mismas costumbres de los animales. Por ejemplo, el pelícano que esparce su sangre sobre los polluelos para darles vida sería un símbolo del sacrificio salvífico de Cristo o el Agnus Dei, que se halla en la cruz de San Patricio y San Columba en Kells  (Scantlebury, 1929, p. 297).

El origen de este tipo de cruces se halla probablemente en los menhires que San Patricio marcaba con una cruz al igual que otros monjes con el fin de cristianizar el menhir (Scantlebury, 1929, p. 293). Existen cruces que mostrarían un paso intermedio en la evolución desvelando algunas características propias de una cruz. Se trata, por ejemplo de Fahan Mura del siglo VII (Scantlebury, 1929, p. 294), la cual sería una losa de piedra en pie en la cual se han esculpido unos lazos celtas y los brazos de la cruz se insinúan sin salirse de la pieza.

Un ejemplo de una cruz más compleja la hallamos en el monasterio de Monasterboice, el cual alberga la cruz de Muiredach (Figura 1) de 5,5 metros (siglo X), nombre proveniente del abad Muiredach mac Domhnall (quien murió en 923). En ella se hallan esculpidas en relieve escenas bíblicas tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, las cuales servían para instruir a los peregrinos y fieles. 

Síntesis entre lo cristiano y lo pagano

Es un hecho que la comunidad cristiana irlandesa adaptaba y reinterpretaba elementos celtas, considerados paganos, para promover el cristianismo en la isla. Esta síntesis se observa en las cruces altas irlandesas, concretamente en la adopción y reinterpretación de elementos celtas: “ «en Irlanda, la continuidad del culto de los menhires es especialmente sensible, desde La piedra del recuerdo anepígrafa hasta la estela con inscripciones ogémicas o latinas acompañadas de símbolos cristianos» (Guirand, 1971, p. 307). 

En Irlanda se mezclaban divinidades celtas con las del cristianismo. Un ejemplo lo encontramos en Santa Brígida de Kildare, antigua deidad celta con el mismo nombre (Brigid, que en irlandés significa  «la exaltada» y santo patrono de Irlanda (Dundalk, 452- Kildare, p. 525). La deidad Brigid era la divinidad de los poetas, protectora de las tierras, fuente de vida y de renacer en la primavera. La madre de Santa Brígida, una esclava picta, fue bautizada por San Patricio, quien tenía una buena amistad con Santa Brígida, quien fundó el primer monasterio femenino. En este monasterio había anteriormente un roble considerado sagrado por los druidas y dedicado a la diosa Brigid. Podemos observar aquí cómo se entrelaza lo cristiano con lo celta, cual lazos esculpidos en las cruces celtas. Veamos un ejemplo.

La cruz de Muiredach

La cruz de Muiredach (Figura 1) de 5,5 metros (siglo X) tiene dos caras: la cara oeste y la cara este. En la cara oeste, empezando por la parte superior de la cruz, hallamos esculpido en relieve, y algo desgastado por el paso del tiempo, a Moisés y Aarón.

Figura 1. La cruz de Muiredach (cara oeste). Fuente: El autor.

Justo en el centro de la cruz, donde los brazos de la misma se encuentran, la escena de la Crucifixión cobra vida. A su derecha, los soldados romanos custodian la tumba de Cristo, mientras que a su izquierda, un grupo de personas contemplan el momento dramático (Figura 2).

Figura 2. Círculo en la intersección de la cruz de Muiredach (cara oeste). Fuente: El autor.

Si descendemos por el fuste, bajo el aro que marca la intersección, el relato presenta la misión de los apóstoles, la incredulidad de Santo Tomás, y finalmente, el arresto de Jesús. La narración acaba con una inscripción dedicatoria al abad Muiredach: OR DO MUIREDACH LASNDERNAD IN CHROS.

La cara este presenta una historia impactante: el Juicio Final. Contrasta con el Cristo crucificado de la cara oeste, un Cristo en Majestad, flanqueado por ángeles. A su derecha, los salvados mientras que a su izquierda, los condenados. Es decir, el destino de la humanidad.

La isla Esmeralda contiene muchos más ejemplos de sincretismo entre lo celta y lo cristiano. La cruz de Muiredach es solo una muestra de las numerosas cruces que son el resultado de la convivencia entre dos cosmovisiones, entrelazándose y fusionándose en el transcurso de los siglos. Parece ser que la estrategia de San Patricio de adaptar o modificar las costumbres de la isla para cristianizarla dio resultado: surgió un cristianismo celta.

Bibliografía

Colombás, G. M. (1974). El monacato primitivo, 2 vols., BAC. 

Guirand, F. (1971). Mitología general, Labor.

Scantlebury, C. (1925). “The High Crosses of Ireland”. The Irish Monthly, 53(624), 293-298.Roberts, J. (2016). The sacred mythological centres of Ireland. Bandia Publishing.

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