
El poeta romano Ovidio (43 a.C. – 17) escribió su poema Fastos (Fasti, en latín) aproximadamente entre los años 8 y 12. El mismo trata acerca de los meses del calendario romano antiguo y sus respectivas festividades religiosas. Originalmente contaba con doce libros, de los cuales solo se conservan seis. Cada uno se corresponde con los primeros seis meses del año y sus divinidades o entidades protectoras: Enero (Jano), Febrero (februae), Marzo (Marte), Abril (Venus) Mayo (Musas, Maiestas o Maya) y Junio (Juno y Juventus).
Asimismo, el segundo libro de Fastos está dedicado a febrero, mes al que se atribuían los rituales de purificación. Por ello, Ovidio ilustra con detalle ciertas celebraciones sagradas que reflejan las prácticas religiosas como expresión de la cotidianeidad romana en su tiempo.
Fowler (1899, p. 32) señala que en los fasti antiquissimi las celebraciones religiosas que tenían lugar en febrero eran seis: Lupercalia (15-16), Quirinalia (17-20), Feralia (21-22), Terminalia (23), Regifugium (24-26) y Equirria (27).
- Dios Februus
En la mitología romana y etrusca, Februus era el dios de los muertos, de la purificación y las lustraciones, por lo cual guarda vínculo con el mes elegido para su patronazgo y veneración. Según Smith (1880, p. 142), dicha purificación también era necesaria para producir fertilidad tanto en los hombres como en las bestias y, también, señala que febrero estaba dedicado a la diosa Juno, que era conocida como Februata o Februtis.
Etimológicamente, Februus se relaciona con februare (purificar) y februae (purificaciones), mientras que en etrusco aludía al dios catatónico o del mundo subterráneo (Smith, 1880, p. 142). Grimal (1979, p. 195) explica que, en época tardía, Februus fue identificado con Dis Pater o Plutón en relación con el mes de febrero, pues se purificaba la ciudad con sacrificios y ofrendas para aplacar a los muertos.

- Februae y mensis februarius
Ovidio esgrime que los padres romanos designaron a los instrumentos de purificación con el nombre februae (Fastos, II, 19-20), pero que también se llamaban así las lanas solicitadas por los pontífices al rey y al flamen (21-22), así como las tartas tostadas y sal empleadas por el lictor para purificar los hogares (23-24). También, se llamaban februae las ramas que cubrían las cabezas de los sacerdotes (25-26). Asimismo, todo aquello que pudiera purificar los cuerpos llevaba ese nombre (29-30).
Por consiguiente, el mes de febrero se llama así en honor a los februae, pues los lupercos cortaban una piel como objeto de purificación de los suelos, aunque también después de hacer ofrendas de paz a los sepulcros y luego de los días dedicados a los difuntos (Fastos, II, 31-34). Varrón (La lengua latina, VI, 13) señala que los sabinos dieron la denominación de februm a una purificación, aludiendo a la piel del macho cabrío de la que estaba hecha la correa con la que golpeaban a las muchachas en el ritual lupercal. De ahí el nombre februatus. Por último, Macrobio atribuye al rey Numa la elección de la consagración del mes a Februo (Saturnales, I, 13).

- Jornadas del 1 al 14
El 1 de febrero era dedicado a Juno Salvadora, homóloga de la Madre Frigia (Fastos, II, 55-56). El segundo, honraba a la constelación de Lira y el León. El tercero, era dedicado a la constelación del Delfín. El quinto, en honor al emperador Augusto. El noveno, representaba el ascenso de la Estrella de la Mañana y la llegada de la primavera. El onceavo, era dedicado a la constelación de la Osa Mayor y Calisto. El número trece, en las Idus, se recordaba a los Fabios caídos en la guerra de Veyos (ciudad etrusca) en el siglo V a.C. El día catorce conmemoraba las constelaciones Cuervo, Serpiente y Cráter (Fastos, II, 73–267).
- Lupercales
Esta célebre festividad se llevaba a cabo el 15 de febrero, venerando a Fauno (Pan, en la mitología griega), cuyos adoradores desnudos realizaban la ceremonia y se ofrendaban cabras. Según Plutarco (Vida de Rómulo, 21, 3), anteriormente se llamaba Febrata. Ovidio remonta su origen en los antiguos arcadios y su culto a Pan (Fastos, II, 271), pero que llegó a Roma de la mano de Evandro (mítico hijo de Mercurio y Carmenta), junto a otras deidades silvestres (II, 280).
Emulando a su estado primitivo y al mismo dios Fauno, los lupercos (llamados así por la loba Luperca, quien amamantó a Rómulo y Remo) corrían desnudos en esta festividad: «la propia deidad va desnuda y manda que sus ministros vayan desnudos, pues la ropa no era muy cómoda en la carrera» (II, 287-289). No obstante, Beard, North y Price (1998, p. 119) señalan que los relatos antiguos sobre lo acontecido durante el ritual no varían mucho, aunque no coinciden en la ruta que seguían los corredores desnudos que corrían por la ciudad.
Posteriormente, entre los días 16 y 17, se celebraban fiestas honrando a Quirino (deificación de Rómulo) y el 18 Fornacalia (diosa Fornax) y la «Fiesta de los Tontos» del pueblo, quienes ignoraban a qué curia pertenecían, postergando dicha ceremonia al último día (Fastos II, 531-532).
- Parentalia y Feralia
Las Parentalia (dies parentales) se festejaban entre el 13 y 21 de febrero, dedicadas a los difuntos de cada familia (parentes), pues «también las tumbas tienen su honor. Aplacad las almas de los padres y llevad pequeños regalos a las piras extintas. Los manes reclaman cosas pequeñas» (Fastos, II, 533-535).
Como corolario se celebraban las Feralia, en honor a los manes, dioses de culto doméstico de los parientes muertos. Las ofrendas ante los sepulcros de los antepasados eran variopintas: tejas adornadas, avena, sal, trigo ablandado en vino y violetas (II, 537-539). Según La lengua latina de Varrón, su nombre deriva de inferi (situados debajo) y de ferre (llevar), «porque entonces llevan (ferunt) viandas al sepulcro los que tienen el derecho de celebrar una ceremonia fúnebre allí» (VI, 34).
En las jornadas siguientes se celebraban: la Caristía el día 22, un reencuentro con los parientes vivos (por oposición a las Parentalia); el 23, al dios Término (patrón de los límites y fronteras); el 24, se conmemoraba la huida del último rey, Tarquinio el soberbio; y el 27, la Equirria (carreras de caballo). Con el 28 se concluía el mes y el segundo libro de Fastos (II, 865).
Conclusiones
El mensis februarius era muy significativo para los antiguos romanos, pues trataba sobre los rituales de purificación para expiar sus almas, a través de diversas festividades religiosas, rituales, sacrificios y ofrendas. El dios Februus, quizá no tan conocido para nosotros en comparación con otras deidades del panteón romano, pero fue muy importante para la vida cotidiana de aquella época, como también las celebraciones mencionadas: Lupercalia, Parentalia y Feralia.
Asimismo, los dioses romanos de culto doméstico estaban muy presentes en estas fiestas (no solo los de culto público), pues se honraba la memoria de los antepasados, como los manes, ya que se aplacaba la ira de sus espíritus mediante ritos y ofrendas.
Es importante aproximarnos a los orígenes de los meses del año según la mirada de civilizaciones antiguas, en este caso, desde el entramado sociocultural romano, pues febrero no era un mes común y corriente, sino que significaba una oportunidad para purificar las almas de los ciudadanos y así continuar el curso del año.
Bibliografía
Beard, M., North, J., y Price, S. (1998). Religions of Rome: Volume 2: A Sourcebook. Cambridge University Press.
Fowler, W. W. (1899). The Roman festivals of the period of the Republic. An introduction to the study of the religion of the Romans. Macmillan and Co.
Grimal, P. (1979). Diccionario de mitología griega y romana. Paidós.
Smith, W. (1880). A Dictionary of Greek and Roman Biography and Mythology. Vol II. Spottiswoode and Co.
Varrón (1998). La lengua latina. Libros V-VI (L. A. Hernández Miguel, Trad.). Gredos.



