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Sorolla, la luz y el color de la Alhambra: parte I

Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 1863- Cercedilla, 1923)  se erige como una figura capital en la transición y modernización de la pintura de entresijos. Su obra redefinió la relación entre el arte español con las corrientes estéticas europeas del naturalismo, el impresionismo y el postimpresionismo. La contribución más significativa de Sorolla reside en el desarrollo del luminismo, un estilo basado en el estudio científico de la luz mediterránea a través de su pincelada. 

El pintor valenciano demostró una maestría técnica que le permitió abordar el género social, el retrato burgués y la pintura del paisaje al aire libre o plain air. Su carrera es conocida por su dominio de la pincelada suelta y la vibración cromática de la luz solar tan característica de sus obras (Pons-Sorolla, 2001, p.78). 

Figura 1. Imagen Destacada. Autorretrato, Joaquín Sorolla, Museo de Sorolla. 1904. Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International. Fuente.

El presente artículo prestará especial atención al monumental encargo de «visión de España» para la Hispanic Society of America, una síntesis visual y etnográfica que culminó su carrera a través del análisis técnico y formal de Sorolla (Muller & Burke, 2004, p.15). 

El periplo de Sorolla por la geografía española no fue un simple recorrido turístico, sino una inmersión en la diversidad lumínica y cultural. Si bien su base estaba en la luz blanca e intensa del Levante, el Sur, en particular Andalucía, le exigió una paleta completamente distinta (Garín Ortíz de Tarraco, 1973,  pp. 45-46). 

La ruta documental del pintor lo llevó a lugares como Ayamonte (Huelva), donde registró el «costumbrismo pesquero», y lo encaminó hacia una de las paradas más importantes del itinerario artístico nacional: Granada. Esta ciudad y su territorio se habían consolidado, especialmente desde la época romántica, como un centro de interés constante para diversos pintores (Martínez Carreño, 2023, p. 164). 

Por ello, el viaje de Sorolla culminó en el monumento que resume el alma histórica y estética del Sur y su misticismo: la Alhambra.

Sorolla cultivaba un método intrínsecamente dinámico: la pintura al aire libre. Como verdadero practicante del «plenairismo», su obra requería que el artista fuera incansablemente móvil. Su práctica se basaba en viajar y buscar escenarios, para luego establecer su estudio improvisado, con el caballete y el lienzo, justo donde la luz y la escena se desarrollaban. Rechazaba la quietud del estudio; su arte era una expresión directa de la acción y de la inmediatez capturada (Varela Agüí, 2024, p. 3).

Figura 2. Patio de la Alhambra, Granada, 1909-1910. Museo de Sorolla. Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International. Fuente.

Precisamente esta necesidad de pintar la realidad in situ hizo que su paso por Andalucía representara un hito en su evolución. El artista, acostumbrado a dominar la luz al aire libre (el plen air valenciano), se encontró en el sur ante una luz más cálida, dramática y, a menudo, filtrada.

La luz de la Alhambra no se proyecta; se tamiza. Penetra a través de celosías y arcos de herradura, rebota en las paredes de yeso y el agua, obligando a Sorolla a redefinir el concepto de sombra. Esta ya no era una simple ausencia de luz, sino un espacio lleno de color y matices. Este reto, enfrentado directamente con el caballete plantado ante el monumento, no solo influyó en el tratamiento de los interiores y jardines, sino que enriqueció toda su concepción del color.

La Alhambra, más que un palacio, es un complejo sensorial que ha suscitado en la sensibilidad del hombre contemporáneo atracción e interés (Borrás Gualis, 1991, p.4). Los muros rojizos de la fortaleza, la geometría delicada de las yeserías nazaríes y, sobre todo, el omnipresente elemento del agua, crearon un escenario único Sorolla tuvo que enfrentarse a la exuberancia del Generalife, donde la sombra de la vegetación (cipreses, arrayanes) domina, y a la serenidad de los patios.

En el Patio de los Arrayanes, el estanque central se convierte en un espejo que duplica la arquitectura y el cielo, introduciendo una luz azul intensa en el corazón de la piedra (Sánchez & Sánchez, 2014, p. 100). En los jardines, el agua que corre en acequias y fuentes no solo aporta frescor, sino que actúa como un dispositivo lumínico natural, fracturando la luz y creando un juego constante de reflejos.

Figura 3. Patio de Comares, la Alhambra de Granada. 1909-1910. Museo de Sorolla. Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International. Fuente.

Conclusiones 

A modo de conclusión en esta primera síntesis, la inmersión de Sorolla en la Alhambra trascendió con creces el encargo etnográfico original, pues supuso el verdadero apogeo de su pintura paisajística al liberarlo de la narrativa puramente descriptiva. Aunque su llegada a Granada estaba ligada a la necesidad de documentar la identidad regional para la Hispanic Society, el contacto con el recinto nazarí provocó un giro introspectivo que le obligó a reinterpretar la luz y la sombra de forma refinada. En este escenario, la potencia del sol mediterráneo que había definido su obra previa se transformó en una luz tamizada, contenida por la arquitectura y multiplicada por los reflejos del agua, exigiendo una sensibilidad cromática mucho más sutil.

Esta etapa granadina revela a un Sorolla que se distancia del naturalismo vibrante para abrazar una síntesis casi abstracta, donde la geometría de los jardines y los patios estructura una nueva forma de entender el espacio. Así, su monumental «visión de España» no solo se consagra como un registro fundamental para la cultura andaluza y su patrimonio, sino que se erige como el testimonio de su propia genuina evolución pictórica. Por último, la Alhambra no fue para el maestro valenciano un simple decorado, sino el catalizador de una madurez artística donde el silencio, la arquitectura y el color se fundieron en una de las cumbres de la modernidad española.

Bibliografía 

Borrás Gualis, G. M. (1991). La Alhambra (Cuadernos de Arte Español, No. 17). Historia 16.

Garín Ortíz de Tarraco, F.M. (1973). La visión de España de Sorolla. Instituto Alfonso el Magnánimo. 

Martínez Carreño, F. (2023). La Sierra Nevada de Joaquín Sorolla. Una nueva mirada desde el Jardín de los Adarves. Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, 35.

Muller, P.E, & Burke, M.B. (2004). Sorolla, The Hispanic Society of America. The Hispanic Society of America. 

Pons-Sorolla, B. (1970). Joaquín Sorolla y Bastida. Vida y obra. Fundación arte hispánico.

Sánchez, A., & Sánchez, Á. (2014). La Alhambra: arquitectura, historia, planos, leyendas. Ediciones Miguel Sánchez.

Varela Agüí, E. (2024). Sorolla en Andalucía [Folleto de exposición]. Museo Carmen Thyssen Málaga.

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