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A propósito de los exvotos: crónicas visuales entre la religiosidad popular

En los rituales sagrados los exvotos eran considerados ofrendas dedicadas a Dios, la Virgen o los Santos para agradecer una demanda previamente exhortada, percibiéndose, por ende, estos objetos fruto de un acto milagroso. Si bien, aunque estas dádivas surgieron en los inicios del cristianismo, no será hasta finales del siglo XVI cuando las circunstancias sociales y religiosas acusen una notoria expansión de estos objetos. En este artículo trataremos de analizar este tipo de ofrendas individuales en la época del Barroco.   

Aproximación y consolidación

Las diatribas generadas por los protestantes tambalearon los cimientos de la cristiandad, siendo el Concilio de Trento el eje direccional para enderezar el carácter espiritual y moral de la religión católica, así como tratar las condiciones del uso y función de las imágenes sacras y reliquias incluyendo también otras formas de aproximación del individuo a las divinidades, como son los exvotos. En este contexto, las sesiones 3 y 4 celebradas en el año 1565 fueron cruciales para la aportación de argumentos en pos de afianzar la continuidad de las representaciones cristológicas, mariológicas y del resto de personalidades pertenecientes a la jerarquía celestial. Como resultado, para hacer frente a las diatribas generadas la iglesia católica establecerá unas determinadas directrices estéticas y morfológicas para asegurarse que el artista manifestara fielmente los planeamientos doctrinales de la iglesia (González, 2017, pp. 78-79; Muntión, 2023, pp.170-171; Saravia, 1960, pp.129-130).  

El Santo oficio promovió las figuras del veedor y calificador encargadas de «inspeccionar y aprobar las obras religiosas destinadas a la exposición pública y quitar o corregir las deshonestas, heterodoxas, desusadas o de baja calidad» (González, 2015, pp.312-313), una situación que sometía el ideario de los artistas académicos a ser moldeada por las condiciones eclesiásticas convirtiéndose en herramientas de la institución. En cuanto al empleo y propósito de los exvotos quedó aprobado desde un principio por los Padres de la Iglesia, pero paradójicamente en el concilio tridentino acordaron el precepto de no admitir nuevos milagros sin la previa constatación y aceptación del obispo (Saravia, 1960, p. 131). El carácter anónimo de los exvotos, el individualismo y la falta de autoría invita a reflexionar sobre la inexistencia de una minuciosa revisión de estas ofrendas por ser consideradas elementos subyacentes entre las prácticas eclesiásticas y gestadas por la clase baja-media, al fin y al cabo, una clase que vivía en una contradicción sistémica: tan necesitada por la iglesia para su propia subsistencia como <<invisible>>. En definitiva, la unión de estos factores plasma cierta autonomía con la institución católica.

En lo sucesivo, durante el Antiguo Régimen los dilatados periodos de guerra, enfermedades, plagas y malas cosechas sacudían la sociedad, economía y religión del país. Este panorama se traduciría como el germen catalizador del proceso de florecimiento y auge de la religiosidad popular asociada a: la circulación de reliquias, festividades, peregrinaciones, culto a las advocaciones marianas, promesas u oblaciones entre otras expresiones religiosas y de identidad sociocultural. 

En el marco de los siglos XVII y XVIII, los exvotos aparecen como síntoma de un contexto agraviante donde la comunidad manifiesta la imperativa necesidad de volcar toda la fe en la Virgen y determinados santos como experiencia trascendental. En la búsqueda de esperanza y de respuestas a cuestiones humanas cotidianas, así como la sanación en una dolencia, la falta de trabajo o la incertidumbre frente a la muerte. En este proceso, el ruego conformaba el canal principal que garantizaba la conexión entre el cielo y la tierra, después, el cristiano esperaba obtener el beneficio deseado mediante una obra milagrosa. Traemos a colación las palabras de Martha Marielba quien define este intercambio como «un comercio de fe entre lo sagrado y lo humano» (Herrera, 2014, p. 51). En suma, en esta urdimbre existe una clara dicotomía pues, para la red eclesiástica la introducción del exvoto en el panorama popular suponía una coyuntura igual de beneficiosa. La exposición pública del elemento votivo significaba divulgar su carácter intrínseco consolidado por la capacidad interceptora del ser celestial y el poder de la fe individual, transformándose este objeto sacralizado en un sutil y elocuente instrumento para incentivar la fe y atraer a la audiencia. 

Figura 1. Los milagros del Cristo de las Batallas. Jusepe Sánchez de Velasco, siglo XVII. Catedral Vieja de Salamanca. Fotografía de la propia autora. CC-BY-NC-SA
Figura 2. Continuación de las pinturas mural. Jusepe Sánchez, siglo XVII. Catedral Vieja de Salamanca. Fotografía de la propia autora. CC-BY-NC-SA

En el muro del evangelio de la Catedral Vieja de Salamanca, como se observa en la figura 1, se conservan pinturas votivas fragmentadas en 18 recuadros separados mediante elementos arquitectónicos cuya inscripción insertada al pie de las ilustraciones, relata cada una de las demandas resueltas milagrosamente por el Cristo de las Batallas (Montaner, 1987, p. 39). Por otra parte, el ejemplo nos sirve para clarificar una de las facetas de los exvotos: reseñar el tipo de mobiliario, ropaje, interiores y paisajes de una época concreta convirtiendo estas pinturas, en crónicas visuales (León, 2015, p. 2147).

En efecto, no son solo objetos religiosos, sino también importantes documentos culturales e históricos que permiten comprender las mentalidades, las creencias y las circunstancias de vida de la gente común. Revelan las esperanzas, los miedos y las formas de devoción de una sociedad profundamente religiosa. 

Lamentablemente, el Concilio de Vaticano II será la piedra angular de la desaparición de toda manifestación de religiosidad popular. Las modificaciones introducidas a raíz de este sínodo, celebrado entre los años 1962 y 1965, repercutieron significativamente en las celebraciones litúrgicas, la vida cristiana y en la perspectiva religiosa de la curia Roma ante el resto de manifestaciones católicas; promovía en efecto, una purificación y modernización de la Iglesia. En este paradigma se realizan exhaustivas limpiezas de paredes en los santuarios alcanzando por defecto, la desaparición de ofrendas de índole narrativa y simbólica. Definitivamente el Vaticano II, agudizaba la necesidad de una renovación enardecida por la madurez de la propia iglesia que se había gestado durante las diferentes etapas eclesiásticas, desprendiéndose así, del tradicionalismo sustentado hasta el momento (Muntión, 2023, p. 171; Alberigo, 2015, pp. 10-16).

Conclusiones

Tras el largo periplo de análisis concluimos en que estas ofrendas quedan descartadas como “arte menor” por considerarse vestigios fehacientes para abordar diferentes aspectos identitarios y culturales ya que, consagran una fuente histórica, religiosa, etnográfica, pedagógica, psicológica y antropológica. Además, la autoría anónima de la mayoría de los exvotos nos permite plantear una jerarquía existente entre los artistas del Barroco: académicos  y artesanos.

No podemos terminar este estudio sin cuestionarnos el alcance de estos objetos entre los cristianos coetáneos. Tras los resultados del Concilio de Vaticano II los exvotos fueron considerados materiales caducos, sin embargo, la fe ha sido determinante en mantener su presencia entre la sociedad más de lo imaginable, aunque la producción de este tipo de ofrendas ciertamente ha mermado durante el paso del tiempo como también su formato es distinto. 

En último término, estos objetos son reminiscencias de  un pasado religioso que por su contenido interdisciplinar merecen ser el foco de investigación mientras que, para la audiencia cristiana actual fiel a sus creencias, siguen siendo ofrendas u objetos sacros de intercambio dirigidos a una divinidad que ha resuelto milagrosamente la petición previamente exhortada. 

Bibliografía

Alberigo, G. (2015). Breve historia del Concilio Vaticano II (1959-1965). En busca de la renovación del cristianismo, 2ª edición. Salamanca: Ediciones Sígueme.

González, J. (2025). Imágenes sagradas y predicación visual en el siglo de oro. España: Akal.

González, C. (2017). El espíritu de la imagen. Arte y religión en el mundo hispánico de la Contrarreforma, 1ª edición. España: Cátedra.

Herrera, M. (2014). Exvotos a santos y patronos: el poder de las imágenes sagradas. Revista de Mueología Kóot. 5, 50-61

León, M. (2015). Religiosidad popular y exvoto pictórico: simbiosis de arte, cultura y devoción. En Juan José Iglesias Rodríguez et al. (Ed), Comercio y cultura en la Edad Moderna. Comunicaciones de la XIII reunión científica de la fundación española de historia moderna. (pp. 2141-2158). Sevilla: Universidad de Sevilla.

Montaner, E. (1987). La pintura barroca en Salamanca, España: Universidad de Salamanca.

Muntión, C.. (2023). Los exvotos pictóricos. Documentos para la historia de la Rioja. Berceo. 185, 165-193.

Saravia, C. (1960). “Repercusión en España del decreto del Concilio de Trento sobre las imágenes”. Seminario de Estudios de Arte y Arqueología. 26, 129-143.

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