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Reseña de «Anfitrionas. Crónicas y cronistas de salones. 1890-1930», de Marisol Donis

En Anfitrionas. Crónicas y cronistas de salones. 1890-1930, escrito por Marisol Donis, se nos presenta un mundo pasado de personas de alta clase social. Su foco son los grandes acontecimientos sociales, que muchas veces tenían lugar en casas de ilustres anfitrionas, quienes solían abrir sus puertas de forma habitual. Posteriormente, estos acontecimientos eran reflejados por cronistas en periódicos permitiendo a un mayor número de personas ser conocedores de los sucesos ostentosos.

Antes de continuar con la valoración de la obra es preciso hacer una breve reseña biográfica de su autora. Marisol Donis es farmacéutica por la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Complutense de Madrid, y criminóloga por esta última universidad. Sus trabajos sobre la criminalidad y la crónica negra de finales del siglo XVIII y principios del XIX han derivado en un interés analítico por la prensa rosa. Su formación es apreciable en su obra, por su interés en las motivaciones personales de las figuras históricas que analiza, permitiendo al lector sumergirse que había más allá del personaje del corazón.

El libro se divide en seis apartados. Los dos primeros corresponden a las figuras que hacían posible la existencia de las crónicas. El primer capítulo, que parece haber sido el que más ha motivado a la autora para escribir el libro, analiza de forma individual a las principales anfitrionas de estos eventos sociales. En el segundo se trata la figura de los cronistas, es decir, los escritores que describían aquellas situaciones en los periódicos. Entre las figuras más destacadas analizadas en esta parte de la obra cabe destacar a Emilia Pardo Bazán (1851-1921), que aparece tanto como anfitriona como cronista, y la figura de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870).

Los otros cuatro apartados están dedicados a distintos tipos de eventos que eran plasmados en las crónicas. En primer lugar, se destacan las bodas, por ser los eventos de mayor ostentación, entre las que se puede señalar la de Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897) y las de los duques de Alba (abuelos del actual poseedor del título). Posteriormente, se analizan los bailes y cuadros vivos. En tercer lugar con algunos de los actos en sociedad, como la toma de la almohada (que hacían las grandes ante la reina), las veladas teatrales, y finalmente las visitas al hipódromo y participación en las verbenas. El último espacio, titulado «No todo era rosa» trata otros eventos polémicos, como juicios familiares, desamores y escándalos. Incluye entre estos escándalos a los primeros marqueses de Linares, ya que, si bien ellos llevaron una vida usual acorde a su rango, desde la década de 1990 circularon rumores sobre una relación incestuosa y el asesinato de una presunta hija común. Marisol Donis desmiente este relato y expone la verdadera historia de este matrimonio, al que considera querido y respetado por todos.

Además de las historias ya destacadas, cabe mencionar otras que figuran en este libro, ya que ofrecen una nueva perspectiva sobre la época. Se trata de acontecimientos y/o biografías que van contra la imagen arquetípica de cómo se vivía en esa época, y por la que sí se regían en su mayoría. Entre estas excepciones se encuentran la despreocupación al hablar de la condesa de Campo Alange (1809-1883), quien lo reconocía diciendo «mi lengua es mi guardia civil»; o la abierta homosexualidad de la aristócrata Gloria Laguna (1878-1949) o el tercer marqués de Vinent (1884-1940).

Posiblemente el aspecto más positivo de este libro sean sus fotografías, producto de una extensa investigación y selección en veintinueve procedencias distintas entre instituciones y particulares. Estas imágenes, de gran calidad, hacen que la lectura resulte más inmersiva, pudiéndose apreciar en detalle cómo eran algunos de los eventos y personajes mencionados.

Se trata de una lectura amena, entretenida y didáctica, que logra mantener la atención del lector a lo largo de sus páginas. La autora consigue hacer una gran labor de divulgación histórica al combinar el rigor de los acontecimientos con un estilo accesible y atractivo. De este modo, el libro trasciende del mero relato para ofrecer un punto de vista sólido y bien documentado.

En definitiva, este libro no es solo un recopilatorio de anécdotas, sino un análisis del impacto que tenían los acontecimientos de las élites sobre el resto de la sociedad. A lo largo de sus páginas se aprecian las diferencias entre los comportamientos que se consideraban correctos o incorrectos, o qué esperaban leer las personas que buscaban esas crónicas y cómo vivían los protagonistas de esos relatos, entre otros

Como concluye la propia autora, el mundo de hoy es muy distinto. Las mujeres de alta alcurnia no se parecen a las anfitrionas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, y los eventos que hoy llaman la atención de la prensa del corazón son incomparables con las crónicas del pasado. Sin embargo, este mundo ha de ser recordado y estudiado, como cualquier otro aspecto de nuestro pasado. Solo queda concluir esta reseña con las palabras con las que Marisol Donis comienza su libro: «La crónica social ha muerto, larga vida a la crónica social».

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