Hablar de Ignacio Martín Lerma es hablar del vivo ejemplo del arqueólogo del siglo XXI, entre el rigor de la investigación universitaria y la divulgación científica masiva.
Ignacio Martín Lerma obtuvo su Doctorado en Prehistoria orientando su especialización hacia el período Paleolítico. A lo largo de su trayectoria, sus principales líneas de investigación se han centrado en la cultura material y el comportamiento de las sociedades cazadoras-recolectoras a través de dos metodologías científicas fundamentales: la traceología y la arqueología experimental. A ellos se suma, la Etnoarqueología, realizando trabajos de campo y estancias con comunidades indígenas en la Selva Lacandona (Chiapas, México) y Guatemala.
Desde el año 2011, Martín Lerma ejerce como profesor e investigador en el Área de Prehistoria de la Universidad de Murcia (UMU)
A lo largo de su carrera ha liderado y participado en numerosas campañas arqueológicas nacionales e internacionales, destacando el proyecto de «Cueva del Arco» (Cieza, Murcia). Como director de este proyecto (junto a Didac Román de la Universitat Jaume I), capitanea las investigaciones en uno de los enclaves paleolíticos más importantes del levante peninsular, ubicado en el Cañón de Almadenes (Cieza, Murcia). Los resultados de sus investigaciones han sido expuestos en los congresos más relevantes de su disciplina y publicados en revistas de impacto nacional e internacional.
Su labor como divulgador trasciende el ámbito de las redes sociales, participando habitualmente en programas de referencia de la televisión pública como El Condensador de Fluzo, La Aventura del Saber y Arqueomanía, todos ellos emitidos en La 2 de TVE. Su compromiso con la difusión del conocimiento científico y la puesta en valor del patrimonio arqueológico le ha hecho merecedor de diversos premios y reconocimientos a lo largo de su trayectoria.
En su faceta como autor, ha publicado obras de gran éxito editorial que combinan el rigor científico con la narrativa accesible, como La Prehistoria en la mochila. Diario de viaje de un neandertal (Aguilar), Prehistoria (Shackleton Books) o Neandertales. La historia de una estirpe perdida (Pinolia).
En reconocimiento a su trayectoria y a la relevancia internacional de sus estudios paleolíticos, fue nombrado miembro de la Real Academia Alfonso X el Sabio de Murcia.
Su perfil intelectual se complementa con vertientes artísticas como la dirección cinematográfica (realizando cortometrajes y documentales científicos premiados) y la poesía.

1. Para empezar esta entrevista, nos gusta conocer la persona que hay detrás del profesional, en este caso detrás del arqueólogo. ¿De dónde surge su interés por el pasado, especialmente por la Prehistoria?
Creo que mi interés por el pasado nace de una mezcla de curiosidad y fascinación por las grandes preguntas. Desde muy pequeño me intrigaba saber quiénes habían vivido antes que nosotros, cómo eran sus vidas y cómo habían llegado a construir el mundo que hoy habitamos. La Prehistoria me atrapó especialmente porque es el período más largo y, paradójicamente, el más desconocido de nuestra historia. Durante más del 99% de la existencia humana no hubo escritura. Todo lo que sabemos procede de pequeñas pistas: una hoguera, una herramienta de piedra, un hueso, una huella de uso… Reconstruir una historia humana a partir de evidencias tan fragmentarias tiene algo de investigación científica y algo de aventura intelectual que me sigue apasionando hoy exactamente igual que cuando era estudiante.
2. Siempre define la traceología como el «C.S.I. de la Prehistoria». Si pudiéramos mirar hoy mismo a través de su microscopio, ¿cuál ha sido la huella de uso o el descubrimiento en una herramienta de piedra que más le ha impresionado o que cambió su forma de entender a los homínidos?
Lo fascinante de la traceología es que nos permite pasar de preguntarnos qué es un objeto a preguntarnos para qué sirvió realmente. Y ese cambio de percepción es enorme. Recuerdo con especial asombro las primeras piezas que analicé y como de pronto “simples trozos de silex” se trataban de eficaces herramientas que habían trabajado pieles, madera o huesos. Gracias al microscopio esas piedras dejaban de ser objetos y se convertían en acciones humanas concretas.
Quizá lo que más me ha impresionado durante mi carrera es comprobar hasta qué punto los neandertales dominan tecnologías complejas y especializadas. Muchas veces seguimos arrastrando una imagen simplificada de ellos, cuando la evidencia nos muestra grupos humanos extraordinariamente adaptados, inteligentes y capaces de desarrollar estrategias técnicas muy sofisticadas.
3. En Prehistoria, y en otros periodos históricos, en ocasiones se recurre al comodín de «ritual» para explicar el funcionamiento y el uso de ciertos vestigios arqueológicos. ¿Hasta qué punto cree que está bien y mal empleado para definir el comportamiento de los homínidos?
El ritual existe y forma parte de la experiencia humana desde hace decenas de miles de años. El problema surge cuando utilizamos la palabra «ritual» para explicar aquello que todavía no entendemos. En arqueología debemos ser muy prudentes. A veces encontramos estructuras, depósitos o comportamientos para los que todavía no tenemos una explicación clara y la tentación es recurrir automáticamente al ámbito simbólico o ritual. Sin embargo, una buena investigación debe intentar agotar primero todas las explicaciones funcionales, económicas o sociales antes de llegar a esa conclusión.
Dicho esto, también sabemos que los neandertales y los sapiens del Paleolítico desarrollaron conductas simbólicas complejas. El verdadero reto consiste en distinguir cuándo estamos ante una evidencia sólida y cuándo simplemente estamos proyectando nuestras propias interpretaciones sobre el pasado.
4. La Cueva del Arco es uno de los pocos lugares del Mediterráneo que registra la transición entre los últimos neandertales y los primeros humanos modernos. Con los datos actuales en la mano, ¿cree que en ese rincón de Murcia hubo una convivencia pacífica, una asimilación cultural o un reemplazo abrupto?
La respuesta más honesta es que todavía no lo sabemos con total certeza. Durante años se defendió la idea de un reemplazo rápido de los neandertales por parte de los sapiens. Hoy sabemos que ambas poblaciones coexistieron en determinadas regiones y que incluso llegaron a mezclarse biológicamente. Todos los humanos actuales conservamos una pequeña parte de ADN neandertal.
La Cueva del Arco ofrece una oportunidad excepcional para estudiar ese momento crítico. Mi impresión es que no hubo una única historia. En algunos lugares pudo existir cierta competencia y en otros, convivencia temporal y probablemente intercambio de conocimientos. La transición entre neandertales y sapiens fue un proceso humano complejo, no un simple relevo de especies.
5. En 2021, en la «Catedral del Paleolítico» descubrieron una red subterránea intacta con zarpazos de osos y bóvedas gigantescas. Cuando lograron retirar los bloques y entraron por primera vez a esa cavidad sellada durante milenios, ¿qué fue lo primero que pensó como científico y qué sintió a nivel personal?
Fue uno de esos momentos que justifican toda una vida dedicada a la arqueología. Como científico, lo primero que pensé fue en la enorme responsabilidad que teníamos delante. Sabíamos que cualquier observación, cualquier paso o cualquier decisión podía afectar a un espacio que había permanecido prácticamente intacto durante miles de años. Pero como persona fue imposible no emocionarse. Entrar en un lugar donde nadie había estado desde tiempos prehistóricos es una sensación difícil de describir. Las marcas de los osos en las paredes, las dimensiones de las galerías y el silencio absoluto generaban una impresión casi sobrecogedora…
Durante unos segundos uno deja de pensar en artículos científicos y proyectos y simplemente toma conciencia de que está contemplando un fragmento de la historia humana y natural que ha permanecido oculto durante milenios.
6. Además de su faceta como investigador, la divulgación tiene un peso muy importante en su trayectoria. Haciendo una pequeña retrospección, ¿cuáles han sido los proyectos que más destacaría o mayor satisfacción le han dado?
La investigación y la divulgación son, para mí, dos caras de una misma moneda. La ciencia tiene sentido cuando genera conocimiento, pero también cuando ese conocimiento regresa a la sociedad. Si tuviera que destacar algunos proyectos, sin duda mencionaría Cueva del Arco, porque representa años de trabajo colectivo y está aportando información extraordinaria sobre el Paleolítico peninsular. También guardo un cariño especial a todos mis libros (La Prehistoria en la mochila, Prehistoria para el público más infantil o Neandertales) porque me han permitido acercar nuestros orígenes a lectores y lectoras que quizá nunca habían abierto un libro especializado. Y, por supuesto, programas como El Condensador de Fluzo, La Aventura del Saber o las colaboraciones en Radio Nacional de España que me han dado la oportunidad de comprobar que existe un enorme interés social por el pasado cuando se cuenta de forma rigurosa pero cercana.
7. Con la irrupción de la IA Generativa estamos presenciando cómo el público deja Google para pasar a preguntar a través de un Chatbot. ¿Cómo cree que afectará este cambio de patrón en la comprensión histórica?
La inteligencia artificial representa una herramienta extraordinaria, pero también un desafío importante. Su principal ventaja es que democratiza el acceso al conocimiento y permite obtener respuestas rápidas y comprensibles. Sin embargo, existe un riesgo evidente: que los usuarios acepten las respuestas sin preguntarse de dónde proceden las fuentes o cuál es el grado de evidencia que las respalda.
La historia y la arqueología son disciplinas llenas de matices, incertidumbres y debates. Una buena explicación histórica no consiste únicamente en dar una respuesta, sino también en explicar qué sabemos, qué no sabemos y por qué. Por eso creo que la IA será una aliada magnífica si aprendemos a utilizarla con espíritu crítico. El futuro no pasa por sustituir el pensamiento humano, sino por complementarlo.
8. Para finalizar, ¿qué recomendación le daría a su yo más joven, aquel que iniciaba los estudios en Arqueología y Prehistoria? ¿Qué consejo le podría dar a nuestro lector que se encuentre en una situación similar?
Le diría que tenga paciencia. Vivimos en una sociedad acostumbrada a los resultados inmediatos, pero la investigación es una carrera de fondo. Los descubrimientos importantes suelen llegar después de años de trabajo, errores, dudas y esfuerzo constante. También le diría que no tenga miedo a cruzar fronteras entre disciplinas. La arqueología actual necesita científicos capaces de dialogar con la geología, la biología, la química, la informática o la inteligencia artificial.
Y a cualquier joven que quiera dedicarse a este mundo le daría un consejo muy sencillo: que conserve la curiosidad. La arqueología no consiste únicamente en excavar y encontrar objetos; consiste en hacer preguntas. Mientras sigamos haciéndonos preguntas sobre quiénes somos y de dónde venimos, la arqueología seguirá teniendo sentido.
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Entrevistado por:
Mª Dolores Rodas Romero
Área de Comunicación



