El estudio de las mujeres musulmanas en la Edad Media
En los últimos años, la historiografía se ha volcado progresivamente en cubrir ciertos ámbitos de la Edad Media, como los sectores marginales o los estudios de género. Un ejemplo de ello lo representa la investigación de la figura de la mujer musulmana durante este período.
Partiendo de esto, se tratará de englobar las distintas esferas que involucran su estudio, tanto en el ámbito occidental islámico (al-Ándalus y el Magreb) como en el oriental (Mashreq y Próximo Oriente). Primero, se comentará el grado de autonomía jurídica y social de la mujer en cuestión; de su posición dentro de la estructura familiar y comunitaria. También se analizarán a las beduinas, dentro de las comunidades nómadas árabes preislámicas y medievales, para finalizar con un caso paradigmático de mujeres: las mujeres sabias.
Entre Oriente y Occidente. Semejanzas y diferencias
En las sociedades medievales, la familia constituía una base fundamental de la organización social. Por lo general, la sociedad musulmana se caracterizaba por ser patrilocal, patrilineal, patriarcal y endogámica (Ruiz de Almodóvar, 1993, p. 66). Dicho esto, aunque la filiación masculina constituyó el eje central, no hay que menoscabar el papel de la mujer como transmisora del prestigio y del honor familiar. También se debe tener en cuenta su papel como transmisora de la cultura familiar y religiosa, así como responsable de inculcar los propios valores religiosos a sus descendientes (Rubiera, 1989, p. 71).
Ahora bien, en función de si se ubicaba en el mundo Occidental o en el Oriental, las circunstancias no eran las mismas y surgen toda una serie de semejanzas y diferencias jurídicas, sociales y culturales.
- Esclavas y libres
El estudio de la esclavitud femenina requiere considerar las distintas categorías en las que se dividían las esclavas.
Se encontraban enmarcadas mayoritariamente en el ámbito doméstico, donde desempeñaban tareas que exigían esfuerzo físico y dedicación. Eran las responsables de cuidar del hogar y a los hijos de las familias a las que pertenecían.
En contraste con las anteriores, destacan aquellas esclavas cuya principal función era servir de compañía y entretenimiento a sus dueños; a esto se añadía, en muchas ocasiones, una educación refinada. Solía perfeccionarse en distintas artes: música, canto, baile, poesía o la oratoria. Si la esclava era elegida o manumitida por su amo, podía llegar a convertirse en concubina (Guthrie, 2001, pp. 225-226).
A medio camino, figura la presencia de la prostituta. Pese a estar mal vista en el Corán y la Sunna, si se hacía por necesidad, no era condenada con tanta gravedad, siendo tolerado y estando sujeta a impuestos. Con respecto a su ámbito de trabajo, se circunscribían en los alrededores del zoco o en los puertos. Además, las prostitutas andaban sin velo; era la forma más adecuada, ya que su oficio dependía del atractivo y era necesario para su identificación ante los clientes y las autoridades (Guthrie, 2001, pp. 215-219).
Por otra parte, se diferenciaba la mujer libre, siendo la mayor representación de la casada. El matrimonio era una condición recomendada para cualquier mujer, según los preceptos islámicos. Se consideraba la responsable del cuidado de la casa y los hijos, por lo que su esfera principal de actuación solía ser la doméstica. Tenían derecho a la propiedad privada, a la herencia, al trabajo o a la educación: estos son derechos inalienables otorgados por el mismo Alá que compartían con los hombres (Arcas Campoy, 2006, p. 69).

- Campo y ciudad
Al analizar las esferas de vida de las mujeres islámicas medievales, resulta fundamental considerar la distinción entre campo y ciudad. En lo referente al recinto urbano, se caracterizaba por un estricto control social-religioso, sujeto a normas de género y jerarquías familiares. Precisamente por ser un espacio más limitado que el rural, en el que se establecían horarios y normas, como en los baños, las mezquitas o el zoco (De Epalza, 1989, pp. 55; 58). Su tránsito debía tener lugar durante el día, e ir acompañada por un hombre de su familia (Marin, 2000, pp. 114-115). Se entendía que la ciudad era el lugar donde se concentraban las normas sociales, religiosas y jurídicas (De Epalza, 1989, p. 54).
Las mujeres rurales, por lo general, solían ser de condición media-baja. A ellas se vinculaba el hecho de participar conjuntamente en las labores productivas familiares, ya fuera en el trabajo en el campo o ir al zoco, donde en una gran parte de las mujeres tenían que ir a vender los productos que ellas mismas habrían confeccionado. Se suman así las tareas domésticas, como el cuidado de los hijos y la casa (Marin, 2000, p. 115-116).

- Estatus social
La clase social condicionaba su movilidad y visibilidad en espacios públicos. Estaban vigiladas de manera casi constante por sus familias, con el fin de preservar el honor familiar y la reputación social. Ni siquiera en su ámbito privado tenían autonomía plena, puesto que en estos hogares se incluía a trabajadoras domésticas, esclavas, concubinas y sus descendientes (Marin, 2000, p. 13; 22).
En casos puntuales, su movilidad estaba completamente restringida: ya lo hacían otros miembros de la familia y servidores por ellas; así como la higiene, o las obligaciones religiosas, las cuales podían desarrollar dentro del espacio privado del hogar. Algunas mujeres del entorno cortesano llegaron a desempeñar papeles destacados, ya sea como esposas y madres de los hijos de monarcas, o incluso como regentes (Guthrie, 2001, pp. 13-14).
La diferencia con las mujeres de clase media-baja variaba no solo en libertades o ámbitos, sino en las normas de comportamiento social o moral reguladas por la familia y la comunidad. Las mujeres de clase media-baja participaban en actividades económicas que requerían su presencia en espacios públicos, también porque su economía de vida dependía de ello. El control familiar sobre el matrimonio podía ser menor, al no implicar grandes ventajas económicas o políticas (Guthrie, 2001, pp. 33-35).
- Beduinas
Ante las dificultades del desierto, se forjaron fuertes lazos entre los individuos de la tribu, que en el caso de las mujeres, se tradujo en vínculos matrimoniales (Guthrie, 2001, p. 7).
Adaptadas a un entorno duro se diferenciaban de las mujeres urbanas e incluso rurales por tener una mayor responsabilidad con su tribu. Participaban activamente en actividades productivas, defensivas y sociales. Existen pocos registros, aunque se documentan mujeres beduinas que participaron en enfrentamientos junto a sus familiares masculinos. Con respecto a su ámbito privado, las beduinas eran nómadas, lo que causaba que no tuvieran un lugar fijo en el que vivir; sus casas eran portátiles, y ellas estaban involucradas en su propia fabricación (Guthrie, 2001, pp. 35-39).
Además de las responsabilidades domésticas y tribales, la poesía constituía una forma de expresión. Su participación en la economía familiar era fundamental, por lo que se documenta la presencia de mujeres comerciantes, que actuaban ante las numerosas ausencias del marido (Guthrie, 2001, pp. 35-39).
- Mujeres sabias
Cabe destacar que, en estos casos, se trataban de mujeres privilegiadas social y económicamente, que gozaron de una situación que les permitió su formación. El lugar en el que vivían estas mujeres también influyó en su acceso a la educación y a la vida cultural, puesto que la presencia de mujeres “instruidas” o “sabias”, tenía un mayor impacto en el entorno urbano que en el rural.
Se documentan casos de mujeres que se podían dedicar a ciencias religiosas o profanas, como la poesía o la medicina (Ávila, 1989, pp. 139-140), aunque en la parte Oriental eran menos frecuentes, en comparación con la Occidental (Mesned Alesa, 2007, p. 228-229).

Conclusiones
En definitiva, a través de este análisis global se ha tratado de hacer una síntesis sobre la situación de estas mujeres, valorando las diferentes dimensiones de su vida y su contexto social, contribuyendo tanto a la historiografía femenina como al conocimiento del período medieval. Sin embargo, aunque se ha tratado de dar un enfoque integral, es irremediable que las fuentes disponibles presenten enfoques diversos, y a veces, divergentes. Tras haber hecho un balance de los principales aportes historiográficos sobre las distintas situaciones de las mujeres, se pretende, no solo a continuar profundizando en el tema, sino también a fomentar nuevas investigaciones desde una perspectiva interdisciplinar que enriquezca y visibilicen los estudios de género sobre la mujer musulmana.
Bibliografía
Arcas, M. (2006). Tiempos y espacios de la mujer en el derecho islámico (Doctrina Málikí). En M. I. Calero (Ed.), Mujeres y sociedad islámica: una visión plural (pp. 67-90). Málaga: Universidad de Málaga.
Ávila, M. L. (1989). Las mujeres «sabias» en al-Ándalus. En M. J. Vigueras (Ed.), La mujer en al-Ándalus: reflejos históricos de su actividad y categorías sociales. Actas de las V jornadas de investigación interdisciplinaria I: al-Andalus, (pp. 139-140). Madrid: Universidad Autónoma de Madrid.
De Epalza, M. (1989). La mujer en el espacio urbano musulmán. En M. J. Viguera Molins (Ed.), La mujer en Al-Andalus: reflejos históricos de su actividad y categorías sociales. Actas de las V jornadas de investigación interdisciplinaria 1: al-Andalus, (pp. 53-60). Madrid: Universidad Autónoma de Madrid.
Guthrie, S. (2001). Arab Women in the Middle Ages. Londres.
Marin, M. (2000). Mujeres en al-Ándalus. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Mesned Alesa, M. S. (2007). El estatus de la mujer en la sociedad árabo islámica medieval entre Oriente y Occidente. Granada: Universidad de Granada.
Rubiera, M. J. (1989). Oficios nobles, oficios viles. En M. J. Viguera Molins (Ed.), La mujer en al-Ándalus: reflejos históricos de su actividad y categorías sociales: actas de las V Jornadas de investigación interdisciplinaria I: al-Andalus, (pp. 71-76). Madrid: Universidad Autónoma de Madrid.
Ruiz de Almodovar, C. (1993). La mujer en la legislación musulmana. En C. del Moral Molina (Ed.), Árabes, judías y cristianas: Mujeres en la Europa medieval (pp. 63-76). Granada: Universidad de Granada.



