La identidad de un archivo y el concepto de archivística, así como sus funciones son actualmente temas que generan controversia debido a la permeabilidad de la información. Los autores de manuales, de publicaciones a modo de tratados y artículos se han propuesto acercar el lector a dos ámbitos interrelacionados aprovechando asimismo, la ocasión para disipar confusiones y asentar unas bases teóricas esclarecedoras. Sin embargo, el investigador, historiador o historiador del arte inexperto posiblemente encuentre en este caudal de principios sobre archivo y archivística conocimientos básicos para saber a qué se enfrenta pero, no muestran la realidad pragmática con fluidez. El propósito de este artículo es abordar brevemente los inicios y distinción de estas dos competencias dependientes, como también tratar de plantear los puntos positivos de los archivos y los límites infranqueables.
El inicio de la escritura marcó la necesidad de custodiar los documentos generados de carácter jurídico. En la Antigua Grecia el arkhé, cuya traducción en voz griega es archeion, fue la denominación para referirse al lugar de almacenaje, conservación y redacción de textos a cargo de una personalidad concreta, sin embargo, en Roma, en el depósito del archeion introdujeron documentos de otra índole: administrativos y religiosos (Cruz Mundet, 2023, p. 17; Díaz Rodríguez, 2009, p. 46).
En adelante, durante los inicios de la Edad Media los archivos quedarían subscritos en una acusada decadencia producida por la caída del Imperio Romano y la significativa preeminencia del derecho germano sobre la administración romana. Ante esta situación, el control documental de la Iglesia y el importante papel de las cancillerías regias actuaron como caldo de cultivo en la recuperación del uso jurídico de los documentos y en la elaboración de los fundamentos de la archivística (Granel Peiró, 2016, pp. 15-16).

El organismo religioso consciente de la importancia de la conservación documental de los bienes patrimoniales convirtió las catedrales, los monasterios y conventos en destacados recintos custodios -a parte del propio fondo religioso- de un corpus documental de naturaleza administrativa, económica y jurídica vinculados a la realeza, el estrato nobiliario y los comerciantes. Esta situación desencadenó nuevas funciones que definirían los primeros pasos de la Archivística: la aptitud de clasificar y organizar los documentos según la temática correspondiente creando per se fondos documentales, inventarios y catálogos (Cruz Mundet, 2023, p. 19; Escobar Escobar, 1962, p, 443; Granel Peiró, 2016, pp. 16). La elocuente función de la Archivística sugiere la creación de un compendio de normas que regulaban la organización de las órdenes reales y textos eclesiásticos.
A esto hay que añadir que la evolución intrínseca de estos centros de almacenaje, de la sociedad y la economía propiciaron el detrimento del pergamino con la presencia del papel y la sustitución del latín por el uso de la lengua vernácula (Granel Peiró,2016, p. 16).
Según la cronología planteada por Rober H. Buatier, en la Edad Moderna los archivos quedaron inscritos en el poder absolutista del monarca, desarrollando en consecuencia los «archivos del Estado», depósitos donde se acumulaban documentos producidos por la administración de la monarquía hispánica y controlados por el poder real. El florecimiento de esta tipología de fondos documentales surgió en el 1545 cuando Carlos I ordenó concentrar todos los documentos en el castillo de Simancas, convirtiéndose a la zaga, en el Archivo de Simancas y continuó la proliferación en el siglo XVIII con la ulterior creación del Archivo General de las Indias en Sevilla fundado por Carlos III (Alberch i Fugueras, 2002, p. 27; Granel Peiró, 2016, p. 19).
Las reglas establecidas para la estructuración de los fondos fueron al mismo tiempo, la carta de presentación sobre la situación de la Archivística de la época: una disciplina independiente consagrada entre tratados y manuales teórico-prácticos estimados posteriormente, como el umbral de una incipiente «especialidad científica». Un momento clarificador que nos sirve como punto de referencia para escrutar lo acontecido en el siglo XIX.
La circular del año 1841 del archivero Natalis de Waily y la publicación de los holandeses S. Muller, J.A Feith y R. Froin en 1898 serían cruciales para finalmente instituir la archivística como una ciencia (Cruz Mundet, 2023, p. 18; Díaz Rodríguez, 2009, pp. 49-51).
Al hilo, ¿qué es un archivo y que es la archivística? En esencia, el archivo es considerado como el lugar de depósito de documentos de distinta condición. La archivística es la ciencia que engloba el marco teórico (metodología, normas, terminología, principios) y el marco práctico (técnicas y procedimientos de conservación, organización y difusión de documentos) correspondiente al funcionamiento de los Archivos, empleando también como eje en otras líneas científicas auxiliares como: paleografía, lingüística, tecnologías de la información y diplomacia. Asimismo, las personalidades encargadas del Archivo y la Archivística son los archiveros (Alberch i Fugueras, 2002, p. 19; Heredia Herrera, 2007, pp. 43-48).
Tras el despliegue de archivos públicos y privados se concentra una sustancial masa de documentación, que tal y como se ha podido contemplar en el recorrido historiográfico es interminable, pero caduco. La aproximación al documento permite idealizar su relevancia por las múltiples lecturas probables a tenor de quien las interprete. No obstante, en ocasiones simplemente no tenemos la oportunidad de atenderlo por distintas vicisitudes lo que proyecta la existencia de una serie de condicionantes y nos permite valorar aquello que ofrece. En las siguientes líneas se abordará una breve aproximación a algunos de los estudios -enmarcados en el ámbito artístico- posibles de desarrollar gracias a la consulta de documentación en los archivos, como también serán expuestas ciertas dificultades que podemos encontrar en el inicio o durante el desarrollo de una investigación.
Potencialidades
- Reconstruir el pasado mediante la filtración documental (contratos de obra, misivas, testamentos, escrituras, documentos notariales y religiosos) y visual (fotografías, plantas de edificios).
- Encontrar obras de arte desaparecidas o descontextualizadas cuya causa principal habría sido la Desamortización de Mendizábal.
- Conocer el substrato de objetos artístico-patrimoniales de un lugar y elaborar el correspondiente catálogo.
- Estudiar los inventarios para revalorizar los objetos de culto pertenecientes a un tejido monárquico y nobiliario.
- Comprender el funcionamiento económico de una institución, entender el procedimiento de compra-venta e incluso descubrir qué estrato social era el mayor comprador.
- Ubicar temporal y geográficamente a un artista mediante la recopilación y estudio de facturas.
- Emprender proyectos de curaduría en el ámbito de las exposiciones
- Atender científicamente las piezas antes de ser adquiridas por un Museo
- En el campo de la restauración y conservación, conocer el artista y sus herramientas de trabajo.
- En el mercado del arte, realizar un exhaustivo análisis y estudio para proceder con detalle previo a la datación.
Límites y barreras de acceso al contenido
- Dispersión, pérdida y eliminación documental en consecuencia de los traslados ejecutados o del factor humano.
- Hurto de documentación.
- Restricción a documentos originales e inventarios.
- Restricción de acceso en los archivos privados.
- El deterioro del material (insectos, humedad o la falta de paginación), es decir, la conservación del objeto a consultar.
- Base de datos inexistente o de dificultosa búsqueda.
- La desactualización de la base de datos o página web de consulta.
- Acumulación y consiguiente falta de registro de documentación debido a la escasez de tiempo o personal.
- El horario de un archivo, así como el número de solicitudes de consulta.
- Límites de carácter paleográfico e idiomático (especialmente en latín) en investigadores noveles
- Las escrituras en latín. La falta de estudios de latín dificulta la lectura de documentos escritos en este idioma, lo que ocasiona una pérdida importante de información posiblemente relevante.

Conclusiones
Como colofón, apreciar la tarea de almacenaje, conservación y organización de la documentación no se trata de un tema baladí. Gracias a la labor de los archivistas y conservadores, entre otras personalidades, hoy es posible llevar a cabo una investigación minuciosa, además de considerar los archivos como puentes de unión entre el pasado y el presente. En la actualidad, una mediación agilizada a través de los avances en la digitalización de documentos y la creación de bases de datos a modo de consulta que facilitan la búsqueda y consulta como es el caso de PARES, la Biblioteca Nacional de España o el Repositorio Institucional.
Bibliografía
Alberchi Fugueras, R. (2002). Els arxius, entre la memoria histórica i la societat del coneixement, Editorial UOC.
Cruz Mundet, J.R. (2023). Archivística. Gestión de documentos y administración de archivos.Alianza Editorial.
Díaz Rodríguez, M.R (2009). Los archivos y la Archivística a través de la historia. Bibliotecas. Anales de Investigación. 5, 45-52.
Escobar Escobar, H. (1962). Santuarios culturales. Origen e historia de los archivos. Boletín Cultural y Bibliográfico. 5 (4), 440-447.
Granel Peiró, Á. (2016). Los depósitos documentales: historia de los archivos y la Archivística [Trabajo de Fin de Grado, Universidad de Zaragoza].. https://zaguan.unizar.es/record/58868
Heredia Herrera, A. (2007). ¿Qué es un archivo?. Ediciones Trea
Webgrafía
Biblioteca Nacional de España (1996). Inicio. https://www.bne.es/es
Banco de España. (s.f). Repositorio Institucional. https://repositorio.bde.es/
Repositorio PARES. (s.f) Inicio. https://pares.cultura.gob.es/inicio.html



