La muerte de Carlos II sin descendencia en el año 1700 abre paso a un momento de cambios, que inicia con la entrada de la dinastía Borbón a España a través del duque de Anjou, quien a partir de entonces renunciará a su título para ser conocido como Felipe V, rey de España.

A este monarca de origen francés se le atribuyen tres patologías, atestiguadas por escritos de la época. La primera de ellas en ser notable es la adicción del rey por el sexo, conocido por anécdotas recogidas con su primera esposa, María Luisa Gabriela de Saboya. La segunda es un apetito voraz esporádico, recurrente en los últimos años de vida de Felipe V, cuando su estado físico evidenciaba obesidad (Gil-Carcedo García y Gil-Carcedo Sañudo, 2020, pp. 116 – 117). Ambas han sido cuestionadas, ya que es imposible discernir hasta qué punto podría calificarse de patológicos estos comportamientos.
Por otro lado, la tercera sí se considera claramente una enfermedad mental: el trastorno de bipolaridad. Ya en sus primeros años como rey de España, en plena Guerra de Sucesión, se documentan periodos de melancolía, que luego son sustituidos con otros de hiperactividad (Gil-Carcedo García y Gil-Carcedo Sañudo, 2020, p. 117). Esta situación se irá agravando cada vez más, hasta que su segunda mujer, Isabel de Farnesio, será quien tome las riendas del gobierno (Gil-Carcedo García y Gil-Carcedo Sañudo, 2020, p. 118).
Y es su segunda esposa quien convocará a la corte a Carlo Maria Michelangelo Nicola Broschi, conocido como Farinelli, el más famoso de los castrati de la Historia.
Carlo Broschi, «il ragazzo»
Nacido en el seno de una familia de la baja nobleza italiana en Apulia, fue castrado en 1717 a la edad de 12 años. Este hecho le otorgó la capacidad dealcanzar un registro tan agudo que tan solo tres años después debutaría en su primera ópera, Angelica e Medoro, de su maestro Nicola Porpora y libreto de Pietro Metastasio, con quien contrajo amistad (Gies, 2022, p. 33).

A partir de entonces, su fama fue extendiéndose y consolidándose por toda Europa, viajando por grandes ciudades como Viena, Milán, Bolonia, Venecia y Londres. En esta última fue contactado por el embajador de España, Thomas Fitzgerald, atendiendo las peticiones de la reina Isabel de Farnesio de visitar la corte española, donde llegó en julio de 1737 con la intención de realizar una corta estancia (Gies, 2022, pp. 33 – 34). Sin embargo, acabaría permaneciendo en Madrid hasta 1759, año de la muerte de Fernando VI.
El milagro musical
La llegada de Farinelli a la corte de Felipe V fue resultado de una búsqueda casi desesperada de Isabel de Farnesio por sacar al monarca de sus episodios de melancolía; episodios cada vez más habituales y difíciles de gestionar por la corte (Martín Saez, 2018, p. 47). Se dice que hizo llamar al cantante inspirada por la viuda del anterior rey, Mariana de Neoburgo, quien en los últimos meses de vida de Carlos II había contratado al soprano Matteuccio para aliviar su espíritu (Martínez Shaw y Alfonso Mola, 2001, pp. 155-156).
Al parecer, el efecto fue casi instantáneo. El castrato se convirtió en una terapia diaria que permitió al rey recuperar parte de su vida y obligaciones como monarca. Fue nombrado «Músico de Cámara de Sus Majestades y Familiar Criado mío, con dependencia solo de mí y de la Reina mi muy cara y amada Esposa por su singular habilidad y destreza en el cantar» a tan solo un mes desde su llegada (Martínez Shaw y Alfonso Mola, 2001, p. 156). Así, el joven músico inició su andadura en la corte española, codeándose con la nobleza y desarrollando la mitología de Farinelli como «un nuevo Orfeo, capaz de conmover con su voz a los hombres más influyentes de Europa» (Martín Sáez, 2018, p. 42).
Dal primo giorno che qui arrivai seguito quella medesima vita di cantare tutte le sere ai Piedi Sovrani, e sono ascoltato come se fosse sempre il primo giorno. Mi conviene pregare Iddio che mi conserva in salute per continuare la vita presente: mi bevo tutte le sante sere 8 in 9 arie in corpo, non v’è mai riposo.
Desde el primer día que llegué aquí he seguido la misma vida de cantar todas las noches a los Pies Soberanos, y siempre he sido escuchado como si fuese el primer día. Me conviene rogar a Dios que me conserve la salud para continuar con la vida presente: me bebo todas las santas noches 8 o 9 arias, nunca hay descanso.
Carta de Carlo Broschi a Sicinio Pepoli, 16 de febrero de 1738 (Martín Sáez, 2018, p. 42).
Frecuentemente se ha escrito sobre la monotonía de Felipe V en cuanto a la elección del repertorio que Farinelli debía interpretar. Sin embargo, según estudios de Sandro Cappeletto (1995), se ha demostrado que el cantante guardaba más de un centenar de obras entre las que encontramos arias y sonatas de compositores como Pergolesi, Leo, Hasse, Scarlatti, etc. Eso no quita, no obstante, que el rey pudiera sentir mayor atracción por alguna de estas obras en concreto, pidiéndola más asiduamente que otras (Martínez Shaw y Alfonso Mola, 2001, p. 157).
Pero ni el poder de la música podría evitar el fatal desenlace. La salud de Felipe fue degradándose cada vez más en el tiempo, dándose su muerte finalmente en 1746, tras 45 años de gobierno, uno de los más longevos de España (Martínez Shaw y Alfonso Mola, 2001, p. 165). Este no será el fin de Farinelli en España, ya que el castrato permanecerá sirviendo a su sucesor, Fernando VI, también hasta su muerte en 1759.

Conclusiones
Más allá de su talento artístico, Farinelli acabó convirtiéndose en alguien muy querido en la corte de Felipe V. Su presencia consolidó una imagen casi mítica del músico como figura capaz de influir, si no directamente en los asuntos de Estado, sí en el propio rey. Lejos de ser un recurso ocasional, la música de Farinelli formó parte de una rutina terapéutica diaria y exigente, que marcó y vinculó la vida del monarca a la del músico hasta sus últimos días.
Además, es preciso señalar la permanencia del músico en la corte del sucesor de Felipe, su hijo Fernando VI (Martínez Shaw y Alfonso Mola, 2001, pp. 165-166), cuyo tema conviene tratar en un próximo artículo dedicado a ello. Este hecho nos demuestra que su figura estaba totalmente integrada en la estructura cortesana española, convirtiéndose en un elemento estable de la vida política y cultural del reino.
Bibliografía
Cappeletto, S. (1995). La voce perduta. Vita di Farinelli. Evirato cantore. Turín, EDT.
Gies, D. T. (2022). “La voz de un ángel tenéis”: Carlo Broschi ‘Farinelli’ (1705-1782) en el teatro español decimonónico. En Mundos del hispanismo: Una cartografía para el siglo XXI: AIH Jerusalén 2019, pp. 33 – 41.
Gil-Carcedo García, L. M., & Gil-Carcedo Sañudo, E. (2020). Un rey enfermo en un momento europeo complicado. Patobiografía de Felipe V. Presentación de un cuadro. Anales de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Valladolid, (56), 107-151.
Martín Sáez, D. (2018). La leyenda de Farinelli en España: Historiografía, mitología y política. En Revista de musicología, 41 (1), 41-78.
Martínez Shaw, C., & Alfonso Mola, M. (2001). Felipe V. Arlanza Ediciones.



