ArqueoTimes.es

Identidades recuperadas: Arqueología, fosas comunes y justicia social

El papel del arqueólogo como agente de justicia social

Hace unas semanas asistiendo a la asignatura de Arqueología Protohistórica dentro del Grado de Arqueología en la Universidad de Barcelona, en una de esas clases el profesor planteó bajo su punto de vista cómo la profesión de historiador era la segunda profesión más importante para una sociedad después de las profesiones del ámbito de la salud. Y ello me llevó a pensar en cómo esto aplica también para la Arqueología, dado que un arqueólogo de cierta manera actúa como agente de justicia social.

Violencia en el LBK

Cuando se habla del papel del arqueólogo como agente de justicia social muchos lo asocian a periodos como la Guerra Civil española, pero en realidad, va mucho más allá. Debemos remontarnos al Neolítico, más concretamente al Neolítico Cerámico Europeo, con la cultura cerámica LBK (Linearbandkeramik), llamada “Cerámica de líneas y bandas” con una cronología de 5500-4500 a.C entre el VI milenio a.C al V milenio a. C. que abarca la zona de centroeuropa. Esta cultura neolítica destaca entre otras cosas por su mundo funerario sádico y violento.

Figura 1. Distribución aproximada del LBK en Europa. Dominio Público (Public Domain) (Fuente)

Con la llegada del LBK, aparece un nuevo tipo de estructura doméstica que en Arqueología llamamos casas de tipo «long house». Són casas largas, de planta rectangular y acostumbran a encontrarse de manera aislada, cada una de estas casas era una granja autónoma, con una unidad familiar amplia (Meyer et al., 2014).

Por un lado vemos cómo esta cultura entierra a sus muertos en necrópolis, y esto nos da fosas individuales en posición decúbito lateral. Donde además vemos que no todo el mundo tiene acceso a ajuar. Pero ahora bien, es sumamente importante hablar de los enterramientos colectivos de esta cultura. ¿Nos habla esto de violencia?

Durante el LBK hay un notorio auge de las fosas colectivas, tenemos ejemplos de ello con la fosa de Schletz-Asparn (Austria), Talheim (Alemania), Halberstadt (Sajonia), Schöneck-Kilianstädten (Alemania), Herxheim (Alemania) y un sin fin más de fosas colectivas encontradas. Pero lo interesante de todo esto es la clara violencia extrema presente en los cuerpos de estas, en las que vemos poblados enteros masacrados seguramente por otro poblado. Hombres, mujeres y niños asesinados por fracturas craneales de tipo roma, con fracturas perimortem sobre todo en las costillas e impactos de proyectil. Algunos cuerpos llegan a presentar incluso amputaciones diversas. ¿Qué podría explicar esta extrema violencia

El caso de Talheim (Alemania) nos ejemplifica esto, donde hay 34 individuos (hombres, mujeres y niños) que a diferencia de otras fosas comunes LBK, aquí sí que hay mujeres en edad fértil asesinadas, lo que indica que el poblado rival no raptó a las mujeres jóvenes como sí ocurrió en Schletz-Asparn (Austria). Y algunos cuerpos presentan flechas clavadas y numerosas fracturas de impacto. Los análisis permitieron mostrar que son 34 personas de un mismo linaje/familia. (Meyer et al., 2015)

Figura 2 El cráneo de un hombre de unos 20 a 30 años asesinado en la Masacre de Talheim. Museo Nacional De Württemberg, Stuttgart. Creative Commons Atribución-CompartirIgual (CC BY-SA 4.0) (Fuente)

El papel del arqueólogo es clave en estas investigaciones, porque más que sustraer simples interpretaciones de lo que pudo haber ocurrido, queremos saber la identidad de aquellas personas que ahora nos encontramos excavando, quiénes eran, su historia y el motivo por el cual terminaron teniendo un final tan trágico. Queremos conocer la historia personal de cada uno de los individuos de la fosa, sus edades, su tipo de alimentación, si padecían alguna enfermedad, si presentaban entesopatías y por lo tanto conocer qué actividad realizaba cada uno dentro de la granja. Y en cierto modo, sin que el arqueólogo se dé cuenta, está haciendo justicia social. Pues no hay mayor acto de justicia social que querer saber quiénes eran esas personas y estudiarlas.

La fosa común de Lützen

Si avanzamos en la historia trasladándonos a la Edad Moderna, tenemos también un caso de lo más interesante y quizás incluso único en la Arqueología de la Edad Moderna. Para ello debemos situarnos en el contexto de la Guerra de los Treinta años, más concretamente en la Batalla de Lützen.

El 16 de noviembre de 1632, el ejército sueco comandado por el rey Gustavo II Adolfo se encontró con el ejército de Wallenstein en Lützen. Los dos ejércitos se encontraron en Lützen participando en la que fue la batalla más famosa de la Guerra de los Treinta Años porque fue una de las batallas más largas y trágicas, donde además el rey sueco murió (Wilson et al., 2018).

Pues bien, en el año 2011 arqueólogos alemanes descubrieron el hallazgo conocido hoy por todos como la Fosa común de Lützen, donde aparecieron 48 individuos masculinos, todos ellos con una gran variedad de heridas.

En un primer momento no se sabía con certeza la datación. Por ello, la datación de la fosa se basó en la ubicación geográfica. Finalmente se pudo asociar con el campo de batalla de 1632 gracias a que las dataciones de radiocarbono confirmaron estas conclusiones previas. Además, la edad y el sexo fue un claro indicio de que estaban ante una fosa común resultado de un conflicto, pues todo eran hombres y de una edad regular para participar en un conflicto (Nicklisch et al., 2017)

Los esqueletos presentaban muchas heridas traumáticas, y lo más impresionante de todo esto es que no había ningún esqueleto en la fosa sin ninguna herida, todos se encontraban afectados por algo.

Los traumatismos por fuerza contundente, fue algo muy presente en esta fosa común. Pero ¿por qué són importantes los traumatismos por fuerza contundente? El traumatismo craneal suele ser algo muy recurrente en los conflictos, porque la violencia interpersonal suele dirigirse a la cabeza ya que es como la “identidad” de la víctima (Sutherland et al., 2005). Por eso, tanto en esta fosa como en otros conflictos de la historia, vemos que el lugar de ataque suele ser la cabeza del enemigo. Si le quitas la identidad a la víctima, se lo quitas todo. Y por ello los arqueólogos nos encargamos de recuperar, saber y reconstruir la identidad de la persona fallecida que tenemos delante, de nuevo, actuando como agente de justicia social.

Hasta ahora no hemos hablado del ajuar funerario. Pues bien, entre los pies de uno de los individuos, se encontró una moneda acuñada en 1623. Esto fue de mucha importancia para datar con más precisión todavía la fosa común.

Figura 3. Fosa común de Lützen. Creative Commons Atribución (CC BY) 2017 Nicklisch et al.(Fuente)

A día de hoy todavía sigue vigente el debate sobre si la fosa común de Lützen debería seguir expuesta en el Museo Estatal de Halle o no, ya que para algunos supone una falta de respeto para las víctimas de la fosa, y no dejan de ser al fin y al cabo cadáveres. En este sentido, la Arqueología de las fosas comunes va más allá del ámbito académico, es un puente entre el pasado y los valores respecto a los derechos humanos actuales, de nuevo, justicia social.

Conclusiones

Llevando esto a la Arqueología de conflictos contemporáneos como la Guerra Civil española (1936-1939) junto a las fosas neolíticas del LBK o en la fosa de Lützen evidencia cómo la labor del arqueólogo va más allá de recuperar restos: implica restituir identidades y generar un conocimiento. La Arqueología revela cómo la violencia deja marcas profundas.

Al excavar fosas, la disciplina se transforma en un vehículo de la verdad. Así, la Arqueología se consolida como una herramienta fundamental para enfrentar los vacíos del olvido, recordando el papel socialmente responsable que la disciplina está llamada a desempeñar.

Bibliografía

Meyer, C., Lohr, C., Gronenborn, D. & Alt, K.W. (2015) ‘The massacre mass grave of Schöneck-Kilianstädten reveals new insights into collective violence in Early Neolithic Central Europe’, Proceedings of the National Academy of Sciences, 112(36), pp. 11217–11222. https://doi.org/10.1073/pnas.1504365112

Meyer, J., Lohr, J., Kurbis, O., Dresely, V., Haak, W., Adler, J.J., Gronenborn, D. & Alt, K.W. (2014) ‘Mass graves of the LBK’, in Whittle, A. & Bickle, P. (eds.) Early Farmers: The View from Archaeology and Science. Oxford: Oxbow Books, pp. 307-326.

Nicklisch, N., Ramsthaler, F., Meller, H., Friederich, S. & Alt, K.W. (2017) ‘The face of war: Trauma analysis of a mass grave from the Battle of Lützen (1632)’, PLOS ONE, 12(5), e0178252. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0178252

Sutherland, T. & Holst, M. (2005) Battlefield archaeology: A guide to the archaeology of conflict (BAJR Guide 8). Disponible en: http://www.bajr.org/BAJRREAD/BAJRGUIDES.asp

Wilson, P.H. (2018) Lützen: Great Battles (2nd ed.). Oxford: OU

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

ArqueoTimes.es
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.